
Habla fuertecito el obispo Vera…
Y LA BEATERIA DE SALTILLO SUDA Y
PEDORREA.
El nefasto Enrique Peña Nieto, enojado, reclamante, despechado, refiriéndose a los millones de críticos cada vez más conscientes, agraviados y
activos que se manifiestan en su contra desde Tijuana hasta Cancun, declaró ayer en su tierra:
--Pareciera que responden a un interés general por generar
desestabilización, desorden social y atentar contra el proyecto de nación que
hemos venido impulsando.
Al enterarse, el obispo de Saltillo, Raúl Vera, no pudo
contener su rabia y le reviró:
--¡Qué lecturas tan cómodas! Ahora nosotros tenemos la culpa de
desestabilizar el país… ¿Qué quiere? ¿Que nos muramos en silencio?”.
--El
discurso del presidente ya es de
dictadura.
--No hay Estado. No hay acceso a la justicia. No hay acceso a una vida
digna. No hay acceso a la seguridad. No hay acceso a un salario digno. En su
proyecto de nación es evidente que no somos personas humanas.
Entonces, las legiones de beatas y beatos priístas del estado de Coahuila –colectivo social mayoritario en aquella
tierra tan pródiga en ovinos, roedores y gallináceas-,
al escuchar a su obispo pronunciarse en tales términos, reaccionaron de peor
manera:
Comenzaron a sudar de vergüenza y a despedir fétidas flatulencias por
los distintos orificios del cuerpo; chillaban con furia, mordían el escapulario
y se organizaban para solicitar a su bien amado gobernador Moreira II que
echase del estado a tan peligroso Satanás. (Por ahuyentar la inversión foránea,
seguro).
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