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miércoles, noviembre 26, 2014


Felipe Ángeles.
  
Martir del carrancismo.

Para honrar la memoria de un mexicano ejemplar, cada 26 de noviembre esta casa recuerda al general Felipe Ángeles en el aniversario de su muerte, ocurrida en 1919 por instrucciones de Venustiano Carranza.
La historiografia de nuestra Revolución, tradicionalmente a cargo de burocratas obsequiosos, militares semi letrados y licenciados declamatorios, hoy por fortuna se encuentra en manos de especialistas e investigadores ajenos al carrancismo oficial y a sus perniciosas herencias e inercias que se prolongaron casi un siglo.  
Al tiempo que se comienza a hacer justicia para con personajes de la altura y dignidad de Ángeles, se echa luz sobre un periodo tenebroso de nuestra historia deficientemente estudiado, ahora con rigor academico y seriedad profesional.
Este tipo de mexicanos han de ser recordados especialmente en tiempos canallas como el que vive ahora la nación. 

viernes, abril 04, 2014



A cien años de la Batalla de Torreón...
Dos noches abrileñas. 

 2 de abril de 1914, 20:30 hs.
 El incendio en Torreón es espectacular; se sabe que el ejército federal, precedido por las familias ricas que habían prestado apoyo a la causa huertista está saliendo hacia el oriente, por el rumbo de Mieleras, sobre la línea del ferrocarril, hacia Viesca.
 La evacuación de la plaza comenzó hacia las cinco de la tarde cuando se desató una gran tolvanera que fue aprovechada por el general Velasco para ordenar la retirada; después, la artillería federal, como acción distractoria, lanzó un ataque masivo hacia las posiciones revolucionarias que se batían en el Cañón del Huarache y en el Cerro de Calabazas; los obuses llegaban hasta Gómez Palacio pero hicieron poco daño a la población civil.
 El general en jefe de la División del Norte ha ordenado a las brigadas que cubrían la salida hacia Viesca no abrir fuego para permitir la evacuación federal y tomar un breve descanso toda vez que la victoria es ya segura.
 Grandes explosiones se escuchan en el cuartel huertista debido a que antes de huir en el mayor desorden, los oficiales prendieron fuego a miles de granadas y parque de fusilería. En enormes piras que hacen insoportable la atmósfera se convierten en cenizas los cadáveres de miles de combatientes caídos a lo largo de las once jornadas de sangre con metralla.
 Se presenta un civil ante Villa para confirmar los movimientos de evacuación del enemigo y dar aviso de miles de heridos de ambos bandos, abandonados a su suerte por Velasco.
 Más tarde, como a las diez de la noche, la victoria revolucionaria es ya un hecho, aunque en algunas zonas de la ciudad continúan descargas aisladas.
 Pancho Villa recibe la visita de los cónsules extranjeros y de los corresponsales de prensa, a quienes comunica extraoficialmente el triunfo de las armas del Ejército Constitucionalista. Al día siguiente informará los pormenores del triunfo en forma oficial al Primer Jefe Venustiano Carranza.

 2 de abril de 2014, 20:30 hs.
 Me encuentro en casa algo mosqueado porque a última hora se ha suspendido la conferencia que iba a impartir el historiador Pedro Salmerón en el Museo de la Revolución. Era el evento más relevante de las celebraciones oficiales programadas por el gobierno municipal para conmemorar la gran batalla de hace un siglo. 
 Oscurece y mientras tomo café, escucho corridos de la Revolución; solo corridos villistas genuinos de los que guardo en mis archivos.
 Es inevitable imaginar lo que estarían cenando los soldados en sus posiciones y los jefes y oficiales y el propio Pancho Villa cien años atrás. Mientras las gorditas de harina inundan de aromas el entorno y el chile con queso y los refritos están en su punto, se escucha a lo lejos el retumbar de fuertes explosiones y el cuero se enchina al sentir el golpe imaginario de los sonidos de hace un siglo en una noche como esta por todos los rumbos de la comarca lagunera. 
No son las voces de los cañones de Felipe Ángeles que envían sus argumentos desde el otro lado del río; es el estruendo de la cohetería y los fuegos artificiales de la celebración festiva que ya comienza en la Plaza Mayor de Torreón, al poniente, como a tres kilómetros de casa.
 Un vasito de sotol arreglado de la reserva súper especial es portador de esencias y nociones que despiertan de un trajín del desierto sometido a la cárcel muda de una botella en cuyo interior hablan también, pero en silencio líquido, el anís, la gobernadora, el hojasén y la lechuguilla entreverados con la incomparables fragancias de chaparreras viejas y de la montura cabezona, igualita que la que usaba siempre el Centauro, con la que, de niño, me ensillaban al noble alazán el “Dóllar” en Puertecitos para salir de madrugada con los vaqueros a campear por los saladillales de la Laguna de la Leche, allá en Ocampo. 
Aparece entonces una pequeña armónica salida de las alforjas del sueño de la razón. La conmino a expresar su humilde noción del pentagrama con las notas de El Siete Leguas y el corrido de Felipe Ángeles. Mientras discurren sus notas antiguas, a lo lejos brillan las luminarias multicolores de la celebración popular de la toma de Torreón, como hace cien años, en el centro de la ciudad.
Los fogonazos de entonces se han trasmutado en pirotecnia festiva; sangre, sudor y lágrimas confinadas en la oscuridad de una tragedia en la que ya no tienen nombres propios las carnes laceradas ni las ausencias perennes, ni los hijos que nunca volvieron al hogar, ni los ojos que vieron todo y que a la vuelta del tiempo tuvieron que cerrarse. Yo queda nadie. El padre Cronos, como siempre, se salió con la suya y se llevó a todos.
 Salgo a la calle y me recibe una noche quieta y estrellada cuyo discurso olfativo es de jazmín y naranjos en flor, no de despojos humanos achicharrándose en siniestros montones en la orilla del Nazas o frente al Casino de La Laguna.
 Desde donde me encuentro no logro ver pasar ahora ningún fantasma en uniforme federal hecho girones. No logro verlos huyendo a matacaballo para salvar la vida, perseguidos por las caballerías de Maclovio y de Robles.
Por aquí no pasan tampoco en estos momentos soldados y soldaderas corriendo hacia el oriente por miles, rendidos de fatiga y de terror. Mi casa está sobre la ruta dolorosa, polvorienta, llena de angustia y de bárbara sed por donde entonces transitaron a pié y en carretas y en burro y en lo que fuera los vencidos de la gran batalla, buscando desesperados el alivio salvador de Viesca si-dios-es-servido y de San Pedro, de Saltillo acaso.
 Es una noche máxima, densa, enorme, formada con los sedimentos pacientes de un centenar de ecos nocturnos de trescientas sesenta y cinco lunas menguantes, aunque ya no cobija al rugir de la artillería del año 14 del siglo anterior, cuando el fuego graneado se llevó para la eternidad anónima a aquella juventud en flor que ponía el pecho gallardamente en las faldas del Cerro de la Pila.
 De pronto, y al amparo de esta oscuridad urbana y gentil, la brisa de la primavera comarcana desliza tímidamente un grito sordo y apaciguado, que en un principio apenas logra manifestarse, igual que las primeras estrellas cuando comienza a oscurecer:
  --¡Viva Villa!
 Es como de ultratumba, pero crece poco a poco y de repente se convierte en multitudinario vocerío.
Parece venir de muy lejos...de muy lejos...de Bermejillo, de Mapimí, de más allá...
   --¡Viva Villa!...-se escucha ya, clarito.
   --¡Viva Pancho Villa!
Es un grito telúrico, antiguo...viene desde muy lejos,... desde Chihuahua, desde las entrañas de la tierra, desde quién sabe donde...

martes, noviembre 26, 2013

Felipe Ángeles en la memoria.

Como todos los años, el 26 del mes de noviembre, la casa rinde honores al ilustre Felipe Ángeles, figura fundamental de la Revolución Mexicana y ejemplo de integridad y compromiso con los más elevados principios del patriotismo y de la etica política.
Fue ejecutado en Chihuahua en una fría madrugada de un día como hoy en 1919, luego de una farsa de juicio militar (que ha pasado a la historia como ejemplo refinado de la vileza humana), por órdenes del autócrata Venustiano Carranza.

lunes, noviembre 26, 2012

Felipe Ángeles.

La casa, como todos los años en esta fecha, rinde homenaje a Felipe Ángeles, personaje mayor de nuestra historia y ejemplo de valor, ética y dignidad.

viernes, noviembre 25, 2011


Felipe Ángeles, un año más.

La casa recuerda -como cada año- y honra la memoria de Felipe Ángeles al cumplirse este 26 de noviembre el nonagésimo segundo aniversario de su asesinato.

viernes, noviembre 26, 2010


Felipe Ángeles, otro año.

El 26 de noviembre de 1919 fue asesinado en Chihuahua un soldado de la revolución, un mexicano patriota, un idealista de altura universal, un hombre de honor, cuyo ejemplo de integridad recordamos año con año en esta fecha, con particular empeño en este centenario del inicio de la lucha de 1910.
Hoy, un siglo después, el ciclo de la historia parece comenzar a repetirse: una jauría de cobardes, vendepatrias y corruptos tienen secuestrado al país. Los nuevos porfiristas y huertistas espurios se empeñan en borrar mañosamente de los festejos oficiales la noción esencial del espíritu de rebeldía que dió origen al gran proceso emancipatorio de un pueblo que se levantó contra la infamia de sus malos gobernantes.
Ironías de la vida: hace unos días, en Cuatro Ciénegas, Coahuila, tierra natal del asesino Venustiano Carranza, el cabildo en pleno homenajeó a ciudadanos distinguidos de aquella hermosa tierra. Entre ellos estaba el nombre de un insignificante esbirro y amanuense del llamado varón, quien formó parte de aquel vergonzoso “consejo de guerra” que, mediante una farsa, escrituró el asesinato de Felipe Ángeles, por encargo del prócer.
Aún ladran los perros...aún ladran, Sancho, aún ladran.
Vivimos tiempos de reivindicación histórica: ya nos hartaron los rollos pedantes con que la carranclanería ilustada e impune tapizó la superficie de la revolución como si fuera la pared de su sala de estar. Todavía ayer, perfumados y fatuos licenciados saltillenses publicaron sin ningún pudor biografías insustanciales y libelos declamatorios sobre el constitucionalismo gandalla que sostuvo a Carranza después del 17 y sacó partido de su sevicia y megalomanía, hasta que lo eliminaron con sopa de su propio chocolate en Tlaxcalantongo en el año 20.
Por fortuna hoy, historiadores de prestigio (no descendientes en busca de lustre a-como-de-lugar, ni licenciados aficionados a la poesia y a sombrerear a políticos de turno) como Federic Katz, Adolfo Gilly y, últimamente, el acreditado especialista Pedro Salmerón, así como autores de novela histórica reconocidos por su sello iconoclasta, entre los que destaca Paco Ignacio Taibo II, echan luz sobre la otra cara del movimiento armado y le abren paso a la obra de nuevos investigadores con propuestas de análisis histórico más confiables que los bodrios laudatorios de un carrancismo inercial y acrítico que por fortuna comienzan a languidecer y a sonar bofo, porque, ante el estudio riguroso de la copiosa documentación que se conserva del "constitucionalismo", no hay mentiras y manipulaciones históricas que resistan tanto tiempo.
Cosa parecida sucede con el hartante y mitómano, cuasi guadalupano, "zapatismo" cecehachero, creado por los sonorenses corruptos y demagógicos que ganaron, desvirtuaron y mangonearon la revolución, a partir de un tal Emiliano, un personaje menor, torvo, briago, cobarde y ensombrerado, oscuro y apantalla-pendejos -pero, eso sí, muuuuy fotogénico- que traicionó a Madero, que jamás estuvo en un combate, que no repartió ni un centímetro cuadrado de tierra en los 10 años que dominó el valle de Morelos, y que jamas de los jamases pronunció la frase de Tierra y Libertad que le atribuyeron y lo ha hecho famoso.
Recomendamos la lectura del ensayo sobre Felipe Ángeles que publicó Adolfo Gilly en la revista Letras Libres hace un par de años, pinchando aquí.
La Virtud coloca, como cada año, una ofrenda en su altar mayor para nuestro personaje; esta vez en forma de retablo laico, elaborado por el tlachiquero de turno y su equipo de pulque-servidores.
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La figura del cucificado es una parte que, con el mayor respeto. nos atrevimos a tomar de la admirable obra plástica de un pintor cuyo nombre desearíamos conocer para obtener su visto bueno y otorgarle el crédito que se merece.

jueves, noviembre 26, 2009


26 de Noviembre de 1919... que a los hombres como yo...


Hoy se cumplen 90 años de uno de los crímenes mas infames de la historia de este país, de una atrocidad cuyas consecuencias en su momento contribuyeron, de algún modo, a modelar un futuro y un perfil político que, aun hoy día, se mantiene vigente y se manifiesta en toda la primitiva crudeza de su salvajismo e hipocresía.
El general Felipe Ángeles, brazo armado de la revolución e ideólogo del villismo y de la Convención, fue fusilado en Chihuahua por ordenes expresas de Venustiano Carranza, después de un apresurado juicio político llevado a efecto tramposamente, en las mas puras formas de una farsa cuartelera, organizada para guardar las apariencias, luego de que algunos meses antes, el barbado autócrata había ordenado el asesinato a mansalva de Zapata, y antes, de multitud de personajes incómodos al llamado gobierno “constitucionalista”.

El crimen de Chihuahua hizo llenar de oprobio no únicamente al llamado Varón de Cuatro Ciénegas y a su camarilla de aduladores, sino a México entero, ante una comunidad internacional horrorizada por los asesinatos y saqueos de su desastroso gobierno.
A casi un siglo de distancia, la herida sigue sangrando en la menguante conciencia civica de la dignidad que queda por ahi como inutil pieza de museo.
En las calles y en las sinfonolas de las cantinas mexicanas aun se escuchan las notas del corrido que le compuso el pueblo llano al inolvidable artillero hidalguense:

--Apúntenme al corazón,... no me demuestren tristeza, ...que a los hombres como yo, no se les da en la cabeza...

Y el acordeón entrañable de Los Alegres de Teran se estira y gime cuando vuela, vuela, palomita, por las cumbres de un nogal, y enseña, genuino y sin trucos su rajo popular en los versos de la tragedia, desde el mero principio, cuando comienza diciendo:
--En -mil-no-vecientos-veinte, señores tengan presente...

Denostada por los plumíferos de la historia oficial, la figura de Felipe Ángeles se agiganta desde el pasado y se impone día con día, en este Mexico del siglo XXI, menos bronco, pero mas domesticado y engañado que el de sus bisabuelos, contemporaneos del martir.
Los estudiosos de la Revolución Mexicana le dedican trabajos e investigaciones que revelan verdades históricas, tan convenenciera y tramposamente escondidas por los vencedores que escribieron su version de lo sucedido.
Sin embargo, todavía hoy, en Saltillo, perfumados descendientes de la mocheria carranclana (los mismos que tuvieron hace unos años la humorada involuntaria de inhumar los restos del pillo Flores Tapia en el panteón de los coahuilenses ilustres) se solazan y pedorrean, pretendiendo ignorar la existencia del villismo en sus panfletos declamatorios cursis dedicados al varón y a sus cleptorevolucionarios secuaces.
...y mientras tanto, el "gobierno de la gente," aca en la pujante conaca ...ejem,...perdon,...conarca lagunera, les construye estadios con todo e iglesia adjunta, con dinero del pueblo, a los coronados santos empresariales emborrachadores de la plebe, tan necesitados ellos, pobrecitos, de recursos financieros...
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Pero no todo es así de patetico: en este establecimiento torreonense, regenteado curiosamente por un sujeto que nació en Cuatro Ciénegas, a cincuenta pasos de donde vio su primera luz Venustiano Carranza, recordaremos a Felipe Ángeles con veneración y respeto, como lo hemos hecho desde hace 40 años en cada aniversario de su inmolación.
Si, señor!...y, como es costumbre en toda pulqueria que se precie, colocaremos la imagen (ultimo collage digital elaborado por el pulquero fermentador) en la hornacina principal, donde tambien se le colocaran sus flores y su respectiva veladora laica.
Y, a quien le interese (a los que no, pos no), en nuestra sinfonola gratuita localizada en la parte de abajo, se puede escuchar el corrido.