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lunes, mayo 02, 2011



El lado oscuro de Juan Pablo II.
por Jesús Rodríguez, El País, 29 abril 2011.

"¿Cuándo le vino la idea de crear la Legión?", le preguntó Juan Pablo II a Marcial Maciel la primera vez que cenaron juntos. "A los 15 años ya tenía claro que quería crear una congregación de sacerdotes para instaurar el reino de Cristo en la sociedad" respondió el pederasta.
El Papa reflexionó y continuó: "Pues sabe usted, padre Maciel, yo a los 15 años aún no había sido ordenado y no se me pasaba por la cabeza llegar a ser Papa". Según un religioso que presenció la conversación, los dos rompieron a reír.

Cuando Wojtyla accedió al papado en 1978, Maciel ya era pederasta. Ya había tenido relaciones con mujeres; ya sufría una adicción a los opiáceos y llevaba décadas de manejos económicos. Controlaba con mano férrea a sus chicos presos en su particular voto de silencio; era señor de mentes y haciendas en la Legión de Cristo. Pero todo su poder poco tenía que ver con lo que conseguiría de la mano del nuevo pontífice.

En 1978, la Legión de Cristo era apenas una congregación profundamente conservadora creada por un ambicioso sacerdote mexicano, que aún no tenía aprobadas sus Constituciones, secretista, poderosa en México y con presencia entre las élites reaccionarias de España, Italia, Irlanda y EEUU. Con Juan Pablo II, Marcial Maciel conseguiría una influencia que nunca pudo imaginar.

Maciel era un genio como recaudador, sus seminarios estaban llenos y presumía de no ir ni un paso atrás ni delante del Papa. Y, por si fuera poco, apoyaba económicamente a Solidaridad, el sindicato católico creado en Polonia en 1980 y dirigido por Lech Walesa que estaba minando los cimientos del régimen comunista de parte del nuevo Papa.

Durante el papado de Wojtyla, la Legión sería la congregación católica de mayor crecimiento. Cuando Wojtyla llegó al Vaticano, contaba con 100 sacerdotes. A su muerte tenía 800 y más de 2,000 seminaristas repartidos en 124 casas por todo el mundo. Universidades en México, Chile, Italia y España; facultades de Teología, Filosofía y Bioética. Más de 130,000 alumnos. Y 20,000 empleados en su grupo económico Integer. La cifra que más se ha repetido sobre el valor de los activos de la Legión en los últimos años es de 37,000 millones de dólares.

Después de un Papa de dudas como Pablo VI, llegó en 1978 Karol Wojtyla, un Papa de certezas. Encontró sus reclutas en el Opus, los Kikos, Lumen Dei, los carismáticos, Comunión y Liberación, Schoenstatt, San Egidio y en la Legión de Cristo. Juntos se montaron en la máquina del tiempo y rebobinaron hasta los años cincuenta. Hasta una Iglesia con un poder centralizado, sin lugar para la disidencia. Maciel sería uno de los mariscales de campo.

Según Maciel, Juan Pablo II y él se conocieron en enero de 1979, dos meses después de que Wojtyla fuera elegido sucesor de san Pedro. Al nuevo Papa se le metió en la cabeza que su primer acto de masas fuera de Italia tenía que ser en México, un país con más de 80 millones de católicos en las puertas de EE UU y la Centroamérica de la Teología de la Liberación. Había que arrebatar América a las garras del comunismo.

En enero de 1979, Wojtyla estaba decidido a realizar ese viaje. Pero el Gobierno mexicano no lo tenía tan claro. México y la Santa Sede no mantenían relaciones diplomáticas. México era un Estado profundamente laico con una constitución anticlerical. Pero a la vez contaba con un catolicismo muy emocional, de sangre. Su legislación implicaba que en el caso de que Juan Pablo II visitara México, no lo podría hacer como jefe de Estado, sino como un "turista ilustre"; no sería invitado oficialmente por el presidente José López Portillo. No podría celebrar la misa en espacios abiertos. Con su apuesta de visitar México, Wojtyla se la jugaba. Justo al comienzo de su pontificado.

En esto apareció Maciel, amigo y confesor de la madre y hermanas del presidente mexicano. Habló con ellas y se obró el milagro. López Portillo invitaría al Papa y le recibiría en el aeropuerto. Juan Pablo estaría autorizado a decir misa al aire libre ante cientos de miles de fieles. Y la visita sería transmitida por televisión.

A nadie en Roma le importó que corrieran los rumores contra el superior de los legionarios; que en algún rincón de la curia se escondiera un grueso dossier sobre sus andanzas. Juan Pablo II las ignoró. Y durante casi tres décadas no dejó de recompensar la lealtad de Maciel.

En los años siguientes, Wojtyla aprobaría las Constituciones de la Legión sin cambiar una coma, ordenaría en el Vaticano a 59 legionarios e invitaría a Maciel a fiscalizar varios sínodos de obispos en Europa y Latinoamérica. Favoreció la creación de la universidad pontificia de los legionarios en Roma y la implantación de la congregación en Chile. Y llegó a definir a Maciel como "guía eficaz para la juventud".

Y cuando las cosas se comenzaron a poner mal para Maciel tras la publicación en The Hartford Courant de las primeras denuncias por abusos sexuales, en febrero de 1997, el Papa hizo oídos sordos. En uno de los últimos actos de la Legión que presidió al final de su vida, Wojtyla aún homenajearía a los miembros de la Legión de Cristo elevando la voz y sobreponiéndose a su enorme debilidad: "Se nota, se siente, los legionarios están presentes".

Cuando el obispo mexicano Carlos Talavera entregó en 1999 una carta al cardenal Ratzinger, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe y hoy Papa, que detallaba los abusos de Maciel sobre el ex sacerdote legionario Juan Manuel Fernández Amenábar, la respuesta de Ratzinger fue concluyente, según declaró después ese mismo obispo: "Lamentablemente, no podemos abrir el caso del padre Maciel porque es una persona muy querida del santo padre, ha ayudado mucho a la Iglesia y lo considero un asunto muy delicado".

Tendría que morir Juan Pablo II en abril de 2005 para que el affaire Maciel se reactivase. Y ya nada podría salvarle de la condena.
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Cartón: www.carlincaturas.blogspot.com

martes, agosto 17, 2010

Vodevil de la semana.
La jeta de su ilustrísima.

Cuando los chicos de la prensa lo rodearon, saboreando de antemano la nota suculenta que les aguardaba, el suntuoso personaje, nada menos que su ilustrísima el cardenal de Guadalajara, el excmo. Don Juan Sandoval Iñiguez, sabía ya muy bien lo que iba a decir frente a cámaras y micrófonos.
Se encontraba orondo, sobrado de vapor, casi en un trance extático, dentro de esa suerte de burbuja mesiánica en que se suelen envolver los altos mandos católicos mexicanos antes de ser entrevistados y que ya hemos descrito acá, en entradas anteriores.
Ignoramos si en esta ocasión el cavernario cura tapatío reconocido como el sub-comandante de la ultraderecha mexicana, ya se habría recetado uno o varios lamparazos de tequila del pomo de plata que lleva consigo debajo de la sotana, a decir de algunos infundios que corren sotto voce en los rincones oscuros de su diócesis.
El caso es que nuestro ínclito purpurado era el centro de un enjambre de reporteros que deseaban conocer sus puntos de vista sobre la reciente decisión de la Tremenda Corte de la Nación que da luz verde al matrimonio y a la adopción de hijos a parejas del mismo sexo en el Distrito Federal. 
Al principio se hizo del rogar y evitó contestar las preguntas, como para darse importancia y darle más sabor al caldo. Cámaras y micrófonos lo rodeaban por todos lados, expectantes e inquietos los reporteros.
Antes de comenzar a hablar, Sandoval, socarrón y teatral, completamente dueño de la escena, propinó un par de codazos a quienes lo importunaban apretujándolo levemente; levantó el rostro desafiante y oteó el horizonte, adelantando sus prominentes belfos que le brillaban como si acabara de comerse un plato de grasoso mondongo jalisciense.
Entonces contestó a media voz, enfatizándose en ella los matices rústicos de su acento destemplado y payo, como de atole acedo:
--Pos claro que no estoy de acuerdo. Los ministros de la Corte fueron maiceados por (Marcelo) Ebrard. Éste les dio dinero para que aprobaran ese engendro del demonio.
Acto seguido, en tono cazurro, calculando el peso de las palabras, dijo el bienamado cardenal neo-cristero:
--A ustedes, les gustaría ser adoptados por una pareja de maricones o de lesbianas?
Se produjo un vacío silencioso.
Todos callaron. Los mariachis callaron.
Su ilustrísima se dio la media vuelta y se marchó sin dar las gracias, dejando a todos con un palmo de narices y meditando sobre la pregunta que quedó flotando en el aire como una mortífera anatema caída desde lo alto de los cielos:
-- les gustaría ser adoptados por una pareja de maricones o de lesbianas?
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Al día siguiente de este acontecido, nuestro dilecto parroquiano teziuteco, el Maistro Mecates se apersonó temprano en el salón de La Virtud y organizó una consulta entre los asistentes para sondear los efectos de las declaraciones del cardenal, utilizando unas imágenes que, según dijo, le proporcionó un sobrino que estudia en la Escuela Libre de Derecho, en capital.
Mostrando las fotografías, recorriendo mesa por mesa, y luego encaramado en una barrica de neutle, preguntó a nuestros cultos y distinguidos contertulios que chupaban sus mieles de Ometochtli y conversaban animadamente sobre las novedades de la farándula y la meteorología del momento:
--A ver, a ver, a ustedes les gustaría ser adoptados por una pareja como esta?


--O, como ésta?


--O, Quizá como ésta?


--O, qué tal ésta?



Ah, que Maestro Mecates, siempre tan graciosito...verdad?

Recomendamos ampliar e imprimir la foto de los payasos...está paaaadre!, es de alta resolución y fue tomada de panoramio.com. No sabemos de donde obtuvo las otras imágenes el sobrino del aludido Mecates, por lo que damos de antemano el crédito debido a sus autores; de ser requerido por estos, seran retiradas.

jueves, marzo 11, 2010


San Perverto, encubridor de pederastas.

Curro Copetes y El Pelucas, nuestros pulque-servidores, son quienes entregan y cobran los pedidos de neutle que nos encargan del arzobispado; como son algo inquisitivos y observadores, nos mantienen al tanto de lo que allí sucede. 
Este exquisito retablo, segun nos informan las fuentes mencionadas, corre anexo al expediente que fue enviado a Roma para que, con la bendición del cielo, tome curso en El Vaticano el proceso de beatificación del trompudo cardenal, y México tenga pronto un santito más en sus altares.
Que os parece?
Así, con el santoral totonaca renovado, y nuevos bríos, los obscenos legionarios y otras sectas corrompidas continuarán sacando raja y educando a la juventud del país.
Se dice también que, con la próxima santificación de Juan Pablo II (el encubridor mayor y padrino del repugnante Marcial Maciel), que promueve tesoneramente el actual papa Ratzinger saltándose los rigurosos procedimientos y los tiempos canónicos, se ha alborotado la gallera.
Ahora, cualquier curita fornicador de rancho se siente con derechos a la santidad y al estrellato... total, siempre hay un protector, una tapadera.
México...México... siempre fiel.
Ah, qué México!...se imagina ud. el año entrante al trompas Perverto éste, de "santito" nacional, y al barbado Diego de Cebollas de presidente interino?...todo es posible en estas tierras surrealistas...híííjole!...como diría el Valedor...y la Trevi en la Secretaría de Educación...

domingo, febrero 14, 2010


Como marranas atoradas.

Ahora que la cámara de diputados ha aprobado que sea introducido en el texto de la constitución el concepto de que México es un estado laico, suenan cada vez mas necias, torpes y ridículas las insistencias de los inflados jerarcas del alto clero católico en desobedecer la ley vigente, exigiendo histéricos y clamando a los cuatro vientos por lo que ellos llaman "libertad religiosa", apuntalados y azuzados por una organización rocambolesca y vergonzante denominada “Abogados Católicos de México”.
Entre otras enfermedades del alma y de la razón que aquejan a estos tramposos dirigentes ensotanados, lo que exhiben sin gota de pudor es una es una amnesia convenenciera: bien saben que tienen libertad para ejercr su religión pero que no pueden participar en política, como hemos expuesto mas abajo.
Disimulan y olvidan que ellos, los ministros de culto católicos deben obediencia total a un estado extranjero y que están supeditados a él, lo que no es cosa menor; que nadie los ha forzado u obligado a ejercer funciones sacerdotales, y que dichas funciones se encuentran ya debidamente garantizadas por la ley, igual para todos los credos.
No entienden ni quieren aceptar que, en este país -y en todo el mundo occidental- la separación de la iglesia y el estado llegó para quedarse desde hace un siglo y medio.
Lo que mañosamente ocultan es que pretenden que el Estado mexicano haga obligatoria la educación religiosa: pero no que en las escuelas se estudie religión, o religiones, sino que se enseñe el dogma católico exclusivamente, y. ..je-je...que el gobierno les otorgue recursos financieros, además de que les permita manipular, sin ningun tipo de restricción, las conciencias del tontarriaje, desde el púlpito y desde medios de comunicación de su propiedad.
Sí Chucha!...
Es necesario recordar a toda hora -y gritarlo si es preciso- que la iglesia católica desde tiempos de la Colonia y la Inquisición, ha sido, no una, sino la enemiga histórica del pueblo mexicano.
En la guerra de Independencia, la iglesia fue aliada furibunda de los realistas en contra de los insurgentes, a quienes delató y excomulgó, luego fue la que hizo emperador a Iturbide, la que, después, se alió a los conservadores que trajeron a Maximiliano en contra del gobierno legítimo de Benito Juárez. La iglesia católica apoyó abiertamente la dictadura porfirista y manipuló y alentó a los cristeros que desorejaban y violaban maestras rurales que defendían la educación laica.
Es la misma iglesia que el día de hoy maniobra para que queden impunes sacerdotes pederastas y pillos de la calaña del fundador de los "Legionarios de Cristo", Marcial Maciel y el inefable obispo Onésimo Cepeda, el mismo que por estos días y gracias a la maravillosa justicia mexicana, ha salido airoso, -le hicieron lo que el viento al Benemérito- después de se le acusó por un fraude por 130 millones de dólares. El cínico sujeto aceptó que, en efecto, él había prestado dicha cantidad a una dama hoy difunta y que esa operación fue lo que generó el embrollo.
El millonésimo en su barrera de primera fila.

Esa es la iglesia católica que acoge, entroniza y protege del modo mas descarado a estos obscenos rufianes que se olvidan de sus votos de pobreza y se dedican a mancillar a la niñez mexicana, a jugar golf y a apoderar toreros.
De dónde saca un sacerdote 130 millones de dólares y trafica con ellos?
Esa iglesia es la que ahora exige a gritos “mayor libertad religiosa” en México?
   Norberto con su protegido, el monstruo Maciel, santo patrono de los legionarios

Convenencieros hipócritas, chillan como marranas atoradas.
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 Monólogo pronunciado en la barra de La Virtud por don Jeremías Becerra, viejo masón de Cuatro Ciénegas, Coahuila quien recientemente nos hizo una visita de cortesía y nos deleitó con montones de anécdotas de sus tiempos.