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martes, noviembre 11, 2014


¡EPN debe irse! La dictadura se volvió imperfecta
Víctor M. Toledo
El país hierve. Vive momentos de una creciente indignación, protesta e insurgencia ciudadanas. El hartazgo de vivir en un “país salvaje”, ha comenzado a expresarse de manera masiva. Del “estamos hasta la madre” se ha pasado al “que todos se vayan”. Como ha sucedido en muchos otros países (Islandia, Egipto, Túnez, Libia, Ecuador, Bolivia), en México la movilización de los ciudadanos y la desobediencia civil de miles o millones realizando acciones concertadas terminará exigiendo la salida no sólo del Presidente de la República y su gobierno, sino de toda la clase política. Contra lo que las mentes conservadoras, temerosas y timoratas sostienen, hoy es factible realizar una revolución sin disparar un arma y/o sin acudir a las urnas, ahí donde la vía electoral ha sido cancelada. Hoy, los medios modernos de comunicación y transporte, junto a la libre difusión de conocimientos y análisis críticos, facilitan las transformaciones por la vía de la ocupación y el control pacífico de espacios, territorios, símbolos. Una nueva concepción de revolución sin violencia parece emerger en el mundo moderno.
La situación de México ha llegado a su límite y los mexicanos han (hemos) dicho ¡basta! La percepción de un país devastado y secuestrado por una minoría de políticos, empresarios y criminales en complicidad se extiende y multiplica por todos los sectores y regiones de la nación. La propaganda política, mercantil e ideológica que había logrado mantener anestesiados a los mexicanos ha sido insuficiente y el sistema (hoy representado por el PRI y los partidos de “oposición”) se ha obligado a utilizar la fuerza criminal del Estado contra los ciudadanos. La dictadura se tornó imperfecta. 
Las masacres de Ayotzinapa y Tlatlaya, y sus conexiones con otros sucesos acaecidos en éste y el sexenio anterior, le destapan a la mayoría adormecida y a la opinión internacional, la cloaca en la que se encuentra el país. Y esos dos trágicos escenarios no son sino iconos y expresiones de un contexto que se ha venido construyendo desde al menos la última década. Son el producto tangible de la corrupción que va y viene entre la clase política mexicana, un sector selecto de empresas y corporaciones y el crimen organizado.
Por lo anterior habría que preguntarse no sólo ¿quiénes son los culpables de estas masacres?, sino ¿quiénes son los responsables de los escenarios que las permitieron e indujeron? La dolorosa tragedia de Ayotzinapa se pudo evitar si el PRD no hubiera postulado a un gobernador corrupto y a un empresario de reputación dudosa, cuya esposa y tres de sus hermanos, se sabía desde 2009, estaban ligados al narco. Tampoco hubiera ocurrido ese acto deleznable si los policías que mataron a los dos estudiantes normalistas de Ayotzinapa en una protesta en Chilpancingo en 2012 hubieran sido detenidos y juzgados. Los policías asesinos están libres con la complicidad de todas las autoridades estatales y federales (PGR). ¿Por qué ni el PRD, ni el gobernador de Guerrero, ni la PGR ni el Presidente de la República movieron un dedo para castigar al alcalde de Iguala quien el 31 de mayo de 2013 mató, por su propia mano, a Arturo Hernández-Cardona, dirigente de la Unidad Popular de Iguala, y sus dos acompañantes? ¿Por qué el gobernador del estado de México ensalzó emocionado en un discurso los “actos heroicos” de los soldados asesinos de Tlatlaya?
No sólo los paisajes de Guerrero están tapizados de fosas; ello ocurre en buena parte del país. No sólo en Guerrero hay o hubo narcogobernadores o funcionarios estatales corruptos, también en Michoacán, Tamaulipas, Tabasco, Coahuila, Puebla, Jalisco, Veracruz y Colima. Y lo más significativo: en el país la situación se agrava, no mejora. EPN está obligado a renunciar no sólo por Ayotzinapa y Tlatlaya (lo que en cualquier país democrático sería más que suficiente), sino porque en sus dos años de gobierno no ha logrado detener la inseguridad, la injusticia y la impunidad. Los datos duros son demoledores. En los dos primeros años de EPN, la inseguridad ha aumentado en relación con lo ocurrido en tiempos de Calderón, en homicidios violentos, secuestros, extorsiones y robos de autos. Las cifras son del Sistema Nacional de Seguridad Pública, es decir, oficiales: 13 mil 155 homicidios dolosos, 907 secuestros, 4 mil 869 extorsiones y 32 mil 462 denuncias de autos robados en 24 meses. El gobierno actual, y al menos los dos anteriores, son responsables de que en México se haya hecho efectiva la popular frase de “la vida no vale nada”. Según la Comisión Nacional de Derechos Humanos, en México se cometen al año unos 12 millones de delitos, de los cuales no se denuncian 85 por ciento y sólo terminan en sentencia uno por ciento. De acuerdo con la Envipe, encuesta sobre el tema que levanta el Instituto Nacional de Estadística y Geografía, en 2013 la proporción de delitos impunes fue de 93.8 por ciento, ligeramente superior a los de 2010-2012 que fue de 92 por ciento. Según esa fuente, en el mandato de EPN en 2013 se cometieron 33.1 millones de delitos, que afectaron a 22.5 millones de personas y a 3.64 millones de hogares, uno de cada tres que existen en el país. ¿Qué ciudadano del mundo puede vivir en esas circunstancias?
Esta realidad brutal ha sido expuesta a escala internacional. En una entrevista en Washington, DC, el director para América de Human Rigths Watch, hace en cuatro minutos una devastadora acusación sobre EPN y la gravísima situación que vive México (video: México está en crisis de derechos humanos: HRW). A ello habría que agregar la selectiva, pero permanente represión que el gobierno de EPN realiza sobre líderes sociales, indígenas y ambientalistas en Chihuahua, Quintana Roo, Chiapas, Guerrero, Sinaloa, Puebla, Oaxaca y Michoacán. Mientras, las comunidades del campo y las ciudades siguen tomando las armas, no para desafiar al gobierno, sino simple y llanamente para defenderse y sobrevivir.
México es ya una sociedad sin mecanismos de autocontención, sin justicia ni normas que le hagan una nación civilizada, y el gobierno de EPN ha fracasado e incluso ha abonado para agravar la situación. 
EPN debe renunciar porque el país se ha convertido en un monumento a la impunidad. Debe dejar un puesto al que llegó de manera ilegítima, mediante la compra masiva de votos y recibiendo enormes sumas en transacciones sospechosas. 
Y en fin, debe renunciar porque mientras el país se desangra, sufre, se indigna y se incendia, el señor Presidente observa desde los cielos, por la ventanilla de un avión de 7 mil 500 millones de pesos, y sueña con ocupar una casa de 7 millones de dólares que cambia mágicamente el color de sus luces. La Jornada, 11 de Noviembre de 2014.

miércoles, marzo 27, 2013




El consenso de los oligarcas.
John M. Ackerman.

 Publicado en la revista Proceso el 24 de marzo de 2013

 La unificación bajo un solo mando de las diversas expresiones de la oligarquía mexicana y de la clase política nacional no es motivo de celebración sino de preocupación. En teoría la democracia representativa y el constitucionalismo moderno sirven para controlar los excesos del poder económico y limitar los abusos del poder público. Pero para funcionar en la práctica, se requiere de una sociedad diversa y empoderada, con una variedad de intereses en conflicto.
 Sin una vibrante pluralidad política que constantemente cuestiona las decisiones de la autoridad y llama a cuentas a los poderes fácticos, las instituciones rápidamente dejan de defender el bien público y terminan por cuidar solamente los intereses de los poderosos.
 Es un grave error confundir la "modernidad" con el consenso. Las sociedades modernas son precisamente aquellas que fomentan el debate y permiten el florecimiento de la más amplia diversidad de puntos de vista. La modernidad tampoco significa el fin de las "ideologías". Al contrario, las sociedades avanzadas son precisamente aquellas donde conviven todas las ideologías en absoluta igualdad de condiciones.
 Ian Shapiro, destacado teórico de la Universidad de Yale, ha definido la democracia como "un medio para manejar relaciones de poder con el fin de minimizar la dominación". De acuerdo con esta definición, el sistema político en México hoy se encontraría de cabeza.
Con la consolidación del Pacto por México como el nuevo poder supremo de la nación, nuestras instituciones supuestamente democráticas se habrían convertido en medios muy efectivos para "manejar relaciones de poder" pero con el fin de maximizar, en lugar de minimizar, la dominación.
  Las reformas laboral, educativa y de telecomunicaciones, así como la próxima reforma energética, tienen el propósito de expandir las oportunidades de explotación para los empresarios más poderosos del país, así como minimizar el control ciudadano. La absoluta exclusión de la sociedad civil en el debate y la discusión de estas modificaciones legales es el indicador más claro de su verdadero objetivo.
 Los nuevos gobernantes hacen esfuerzos olímpicos por recubrir este proyecto de dominación con un discurso supues­tamente tecnocrático. Manlio Fabio Beltrones ha señalado que la reforma en materia de telecomunicaciones "no es para desahogar agravios", sino únicamente para "servir a los mexicanos". Luis Videgaray repite hasta el cansancio que habría que deshacerse de las "ideologías" con respecto al petróleo y que el enfoque de la reforma energética debe ser "pragmático".
 Este discurso es profundamente engañoso porque no hace más que esconder la clara ideología neoliberal de sus promo­tores. El Financial Times, por ejemplo, ha señalado abiertamente que el reto de Peña Nieto sería llenar el supuesto vacío de liderazgo político en América Latina que deja la muerte de Hugo Chávez para revivir el "Washington consensus".
 El enfoque tecnocrático también busca cancelar el debate público sobre los grandes temas nacionales y desmovilizar a la sociedad. El propósito es alejar al ciudadano de la política con el fin de dejar las decisiones fundamentales en manos de Peña Nieto y sus amigos.
 Estas estrategias son típicas de lo que Sheldon Wblin, filósofo de la Universidad de Princeton, ha llamado el "totalitarismo invertido" o "neototalitarismo". Bajo el "totalitarismo clásico" de Hitler, Stalin y Mussolini se lograban el control social, la uniformidad de criterios y el poder omnímodo del Estado por medio de la movilización popular constante desde el gobierno bajo el liderazgo carismático del jefe de Estado. Hoy, de acuerdo con Wblin, se establece la misma manipulación y control por medio de la desmovilización y desinterés ciudadano fomentado por los medios de comunicación privados.
Esta apatía también se convierte en el perfecto caldo de cultivo para la captura total del Estado por la oligarquía y las empresas monopólicas.
 Urge revitalizar a la democracia mexicana por medio de la construcción de nuevas instituciones y organizaciones que puedan evitar la consolidación del neototalitarismo neoliberal. Una propuesta interesante es la de John P. McCormick, politólogo de la Universidad de Chicago, quien propone la recuperación del ejemplo histórico de los concilium plebis de la antigua Roma. Estas instituciones de rendición de cuentas intencionalmente excluían la participación de los ciudadanos más poderosos y fungían como centros de control y denuncia sobre los abusos de las élites políticas y económicas.
 El Pacto por México busca excluir a los disidentes y marginar a las voces críticas al tacharlas de "radicales" e "irres­ponsables". En respuesta se debe construir un fuerte contrapoder ciudadano que arrebate la palabra a los políticos y consolide nuevos caminos para expresar el profundo espíritu libertario del pueblo mexicano.

www.johnackerman.blogspot.com

sábado, septiembre 08, 2012


Las 7 leyes para triunfar en México.

Vivimos en un país infinitamente generoso. No se necesita trabajar duro ni ser honesto para alcanzar el éxito. Mientras menos pienses, mejor te irá. Entierra cualquier indicio de valor humano y sé persistente en pasar por encima de los demás.
Muchos hombres y mujeres nos han puesto el ejemplo de cómo ser un mexicano exitoso. Es preciso leer sus biografías y seguir sus pasos fielmente para acumular riqueza, posiciones y, sobre todo, ser alguien.
Sólo hay siete leyes y condiciones para alcanzar la cima en este país. No son difíciles de seguir, pero requieren de constancia. Las enumero a continuación para seguir haciendo de esta una gran nación.
 1.- Transa y deja transar. Esta es la más importante de todas. Si quieres abrir un negocio es indispensable que le des un buen dinero a tu delegación o municipio, así de inmediato tendrás cualquier licencia aun si tu local no cuenta con una sola salida de emergencia. Esta ley es infalible, sirve desde para verificar tu automóvil hasta para comprar la presidencia de la República. Pero, mucho ojo, si la violas puedes dar a la cárcel, te investigarán, te perseguirán y serás el peor de los delincuentes.

2.- Deja hacer, deja pasar. La máxima del neoliberalismo es la segunda ley más importante para triunfar en el país. Si se comete una injusticia en tu comunidad, ignórala, de lo contrario te pueden hacer trocitos para un rico pozole humano. Jamás denuncies nada ante el Ministerio Público, de ser testigo puedes pasar a culpable, además de que perderás tu vida entera en las comparecencias. Si un conductor rebasa la línea peatonal no le digas nada, tal vez saque su pistola y te mate ahí mismo. Finge que no pasa nada. Diviértete los fines de semana. Relájate. Cada quien sus broncas.

3.- Dinero mata carita. Dinero y carita matan todo. El billete es muy importante, por eso es la tercera ley en relevancia. Qué triste es ver a pobretones en el transporte público. Tus hijos se avergonzarán de ti. Haz lana, mucha, con ella puedes obtener títulos de licenciatura, maestría y doctorado, comprar una plaza de maestro o una diputación. También te sirve para ser atendido en hospitales decentes, pues el Seguro Social te dejará morir en sus puertas. El efectivo en México es lo que más importa. Si caes preso compras tu libertad a fajos. Si al billete le añades una cara bonita o unas cuantas cirugías plásticas, nada te detendrá. Podrás conducir el noticiero matutino del canal público más visto e incluso en la calle las mujeres te gritarán ¡Bombón, te quiero en mi colchón! y te llevarán directo a la silla presidencial.

4.- Cásate con un político carismático.  No hay que estar en las boletas electorales para ganar un cargo público, basta con ser una astuta pareja para mandar sin tantos problemas legaloides. Si te casas con un hombre bonachón después él te heredará su fortuna e incluso el puesto. Puedes divertirte en cenas, estrenar vestidos a diario, conocer el mundo y hacerte de una playa privada. No importa que no lo ames o no te guste, sólo fíjate que sea muy carismático, lo suficiente para hechizar a los votantes.

5.- Vivir fuera del presupuesto es vivir en el error. Esta ley es muy vieja y muy sabida, pero no por ello la vamos a dejar de largo. Si gozas de un cargo público (de preferencia alto) no tendrás un mísero aguinaldo en diciembre, sino hasta dos meses de bono y premios trimestrales. Podrás estacionar tu coche donde se te hinche la gana, manejar borracho, conocer aguas profundas en yates, estrenar automóviles cada año y, sobre todo, no tendrás que trabajar para nada, habrá un montón de secretarios que lo harán por ti. Si alguien cuestiona tu trabajo, échale la culpa a las leyes del país.

6.- Los ideales sólo dan problemas. Entierra cualquier sueño hippie de igualdad y justicia. Dios se murió y no lucha por nadie. Las cosas son como son, no hay posibilidad de cambiarlas. Si sueñas por los demás eres un gran imbécil. Los pobres están jodidos porque no trabajan. Esos chavitos que andan marchando son una bola de flojos mariguanos. Preocúpate por ti y por hacer lo que te toca.

7.- La inteligencia estorba. Nuestro México es muy generoso siempre y cuando no pienses de más. Di barbaridades en público, sé lo más estridente y sexista que puedas. Hace falta tener agallas para triunfar. Mientras más bruto seas frente a un micrófono mejor te irá. Saldrás en las primeras planas, te darán candidaturas e incluso te invitarán a protagonizar tu propio reality show.

Este país de verdad que es noble. Sin embargo, hay montones de resentidos que no lo quieren ver y eso es lo que nos tiene así de estancados. Ya basta de quejarse, de marchitas, de andar viendo la paja en el ojo ajeno. Da mucho coraje que si alguien triunfa luego luego lo anden juzgando. Señores, respeten estas siete leyes que rigen nuestro México y nada les faltará.

martes, mayo 08, 2012

Mentiras calderónicas en el debate...
Ay, Chepina... pos donde andabas?

 “ Sí soy diferente, porque vengo de dos gobiernos que no han endeudado ni hipotecado la vida de tus hijos”.
¡Zas! Qué temeraria. ¿Pues dónde estuvo la señora los últimos 12 años, que de plano le pasó de noche el ostentoso crecimiento de la deuda pública? Tal vez se concentró en revisar el abultado endeudamiento público de Coahuila (tampoco registró el de otras entidades de la República, igualmente grueso), pero el vertiginoso aumento del débito federal no más no lo vio, según dice.
Son increíbles muchas de las afirmaciones que la señora Vázquez Mota hizo a lo largo del “debate”, como las de otros candidatos, pero ¿en serio cree que los dos sexenios panistas, especialmente el de Calderón, no endeudaron ni hipotecaron “la vida de tus hijos”? ¿Qué será? ¿Severos problemas visuales, negación absoluta de la realidad, o de plano generosa tomadura de pelo para el respetable?
Si un incremento superior a 13 puntos porcentuales del producto interno bruto resulta invisible para ella, pues le urgen anteojos de altísima graduación –se recomienda fondo de botella– para detectar la triste realidad nacional en esta materia, como en tantas otras.
La estadística oficial (Secretaría de Hacienda) nos ilustra al respecto: al cierre del año 2000 –es decir, cuando Vicente Fox comenzó a despachar en Los Pinos– el saldo de la deuda pública total neta representaba 19.9 por ciento del producto interno bruto; casi 12 años después (al concluir marzo de 2012, y a punto de que Felipe Calderón abandone la residencia oficial), tal proporción se había elevado a 33.1 por ciento del PIB, o lo que es lo mismo, una diferencia de 13.2 puntos porcentuales entre una fecha (la llegada de Fox) y otra (la cercana salida de Calderón).
He allí lo que Josefina Vázquez Mota de plano “no vio”, y, por lo mismo le permitió decir, sin sonrojarse, que “vengo de dos gobiernos que no han endeudado ni hipotecado la vida de tus hijos”. Y se quedó tan tranquila.
De acuerdo con la fuente estadística de referencia, en diciembre de 2000 el saldo de la deuda interna neta del sector público federal (que incluye el débito neto del gobierno federal, de los organismos y empresas controladas y de la banca de desarrollo) ascendió a 606 mil 182.2 millones de pesos, monto equivalente a 9.8 por ciento del producto interno bruto de entonces. Por su lado, el saldo de la deuda externa neta de igual sector sumó 76 mil 11.4 millones de dólares, igual a 10.1 por ciento del PIB. El monto conjunto de ambos renglones representó el 19.9 por ciento del producto interno bruto.
Casi 12 años después, al cierre de marzo de 2012, el monto de la deuda interna neta del sector público federal ascendió a 3 billones 372 mil 85.2 millones de pesos (456 por ciento de incremento nominal con respecto al saldo de diciembre de 2000), equivalente a 23 por ciento del producto interno bruto, mientras el relativo a la deuda externa neta del propio sector llegó a 116 mil 360.2 millones de dólares (alrededor de 53 por ciento de aumento nominal en comparación con el último mes de 2000), un saldo equivalente a 10.1 por ciento del PIB. El monto conjunto de ambos renglones representó 33.1 por ciento del producto interno bruto.
Así, en los 12 años de gobiernos panistas, de los que viene Josefina Vázquez Mota, según su propio dicho, el saldo de la deuda neta total del sector público federal (interna y externa) se incrementó 66.33 por ciento en términos reales, al pasar de representar 19.9 por ciento del producto interno bruto en diciembre de 2000 a 33.1 por ciento del PIB en marzo de 2012. Con estas cifras oficiales, ¿con qué cara La Jefa presume al respetable que las dos desastrosas administraciones blanquiazules (Foxilandia y Calderolandia) “no han endeudado ni hipotecado la vida de tus hijos”?
Las rebanadas del pastel
Lo mejor del caso es que el gobierno panista que mayor responsabilidad tiene en el ostentoso incremento del saldo de la deuda pública es el del actual inquilino de Los Pinos, es decir, el encabezado por el mismo personaje que en su campaña electoral (2006), junto con su partido político, el PAN, sin recato alguno ofrecía: “hay formas de que México avance sin deudas. ¡Felipe Calderón te dirá cómo!”…
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Columna México, S.A., por Carlos Fernández-Vega, La Jornada, 8 mayo 2012. Texto completo aquí.
Cartón: del monero Hernández, of course. 

lunes, abril 30, 2012

Los argumentos de la derecha española.

Cualquier parecido con los del PRI-AN mexicano es una paparrucha.
Cortesía de la casa: Se premia con pulque a quien encuentre diferencias.

Pobre España; le ha caído la maldición. Las cosas iban de mal en peor con el gobierno "socialista" de Zapatero y ahora se encuentra enmedio de la catástrofe con el nuevo presidente, el ultraderechista Mariano Rajoy.
El malestar de la sociedad española es hoy mayúsculo: las medidas adoptadas por éste desde el inicio de su mandato no tienen otro propósito que desmantelar impúdica e impunemente el estado de bienstar que tanto le ha costado a su pueblo. Lo está logrando a base de audaces y certeros recortes y "reformas" al marco laboral y a las subvenciones del estado a los servicios básicos (a la iglesia católica no, ni a la casa real, ni a los grandes consorcios).
Durante los primeros meses del gobierno de Rajoy la salida de capitales puede calificarse mejor como una estampida de proporciones bíblicas, lo que no solo parece una paradoja formidable por ser los grandes bancos los únicos beneficiarios de la mega-crisis, sino que además ilustra la perversidad innata de éstos, pues nadie duda que fueron ellos los que la provocaron, avalados por una izquierda zapatera que se degradó clamorosamente de socialista a motherna, y por un sindicalismo descastado que haría fallecer de verguenza a los grandes líderes que lo construyeron con heroísmo y dignidad en el siglo pasado.
El gobierno conservador del Partido Popular parece estar frenéticamente empeñado en un proyecto mesiánico descomunal, consistente en  favorecer un capitalismo insaciable, deshumanizado y depredador, despojar, irritar y acosar a la población española trabajadora, todo ello envileciéndo la política y sustituyéndola por el negocio, la trampa y el albazo. Encaminar, en suma, al reino borbónico hacia un precipicio, arrastrando la enferma Europa.
No se hincan al ver la tempestad, por el contrario, potencian con ella su paranoia y su insensatez.
   --Es la ideología, tonto!
Los argumentos de la derecha española son inverosímiles y dejan perplejo a aquel que, viniendo de un país que yace de bruces a causa de haberse aplicado idénticas medidas como lo es México, asome por allí la naríz, observe y compare.
La Unidad de Análisis Político y Prospectiva Ideológica de esta institución pulquera y hospicio de vagabundos ácratas se congratula en ofrcer un bidón de neutle gratis a quien encuentre alguna diferencia entre el lenguaje argumental del régimen de Rajoy y su partido (PP) y la retórica neo-liberal de los próceres de derecha que conforman las cúpulas del PRI y el PAN en el México de Felipe el espurio.
El texto que se reproduce enseguida fue publicado por Juan José Millás en el diario madrileño El País, el pasado 27 de abril de 2012, bajo el título de Un sindios.
  --Mucho ojo, valedores, que el neutle está de rechupete y es de gorra, mucho ojo, lean con atención:
"Desde que los ministros de Rajoy, en especial Montoro y Ana Mato, decidieron explicar didácticamente los porqués de la demolición del Estado, entendemos las cosas mucho mejor.
He aquí un resumen, claro como el agua, de sus argumentos: Se pone precio a la sanidad para que continúe siendo gratuita y se expulsa de ella a determinados colectivos para que siga siendo universal.
Se liquidan las leyes laborales para salvaguardar los derechos de los trabajadores y se penaliza al jubilado y al enfermo para proteger a los colectivos más vulnerables.
En cuanto a la educación, ponemos las tasas universitarias por las nubes para defender la igualdad de oportunidades y estimulamos su privatización para que continúe siendo pública.
No es todo, ya que al objeto de mantener el orden público amnistiamos a los delincuentes grandes, ofrecemos salidas fiscales a los defraudadores ambiciosos y metemos cuatro años en la cárcel al que rompa una farola.
Todo este programa reformador de gran calado no puede ponerse en marcha sin mentir, de modo que mentimos, sí, pero al modo de los novelistas: para que la verdad resplandezca. Dentro de esta lógica implacable, huimos de los periodistas para dar la cara y convocamos ruedas de prensa sin turno de preguntas para responder a todo.
Nadie que tenga un poco de buena voluntad pondrá en duda por tanto que hemos autorizado la subida del gas y de la luz a fin de que resulten más baratos y que obedecemos sin rechistar a Merkel para no perder soberanía.
A no tardar mucho, quizá dispongamos que los aviones salgan con más retraso para que lleguen puntuales. Convencidos de que el derecho a la información es sagrado en toda democracia que se precie, vamos a tomar RTVE al asalto para mantener la pluralidad informativa.
A nadie extrañe que para garantizar la libertad, tengamos que suprimir las libertades".
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Imágen: Von Aisaider, en flickr.

martes, abril 10, 2012


Saldos perversos del espuriato...
La privatización ilegal del sector eléctrico.

Mientras la cacofonía de la mediocres campañas políticas se ceba con saña en el ciudadano mexicano promedio de nuestros días (ya de suyo anestesiado, sobajado, distraído, sin casta ni convicciones propias), los grandes problemas nacionales son ignorados olímpicamente por los medios, salvo la reseña puntual de litros de sangre derramada en las calles o de los delincuentes capturados, al parecer nada más para abultar las estadísticas oficiales y para la fotografía sensacionalista.
Sin embargo, medios independientes como La Jornada no dejan de dar cuenta a diario del pavoroso caudal de otras innumerables noticias trágicas y comentarios críticos que genera el nefasto sexenio de Felipe Calderón en todos los órdenes de su corrupta y tramposa administración.
A ocho meses de su salida, el repudiado sujeto que se adueñó ilegal e  ilegítimamente del poder ejecutivo mediante el fraude electoral y con la ayuda del PRI en el año 2006 parece que, antes de irse se empeña en no dejar piedra sobre piedra en la economía, la política, justicia y en general en todos órdenes de la vida nacional.
Fe-cal será recordado, no solo como el presidente del desempleo y de la corrupción, sino como el presidente más traidor y vende patrias que ha habido en la nación desde Santana.
El endeudamiento al que ha llevado al país es pavoroso. El empobrecimiento del pueblo no tiene precedentes desde que asumió el cargo; éste es al parecer su verdadera misión. El logro supremo de su ideología reaccionaria: beneficiar a los poderosos, entregar al país a los buitres globales, despojar, agredir y humillar a los jodidos, burlarse de la dignidad y de la historia.
El caso de los energéticos y de PEMEX es por decir lo menos, escandaloso.
La historia de la entrega de la generación de energía eléctrica al sector privado nacional y extranjero en perjuicio de la CFE y del interés nacional es de dar vergüenza, eso sin hablar del criminal atentado de Calderón contra Luz y Fuerza del Centro y sus cuarenta mil trabajadores echados a la calle y sin decir tampoco una palabra sobre de la corrupción endémica en la empresa y sus abusos en contra de los consumidores.
Unas cuantas líneas de la acreditada columna México, S.A. que escribe Carlos Fernández-Vega en el diario independiente La Jornada el 10 de abril de 2012 nos dan una idea del desastre a que ha sido llevada la Comisión Federal de Electricidad, debido no únicamente a su infame operación en las dos últimas administraciones (panistas), sino a la ilegal y cínica entrega al sector privado principalmente extranjero, de una función que la carta magna asigna con toda claridad, única y exclusivamente al estado:


Al centro Alfredo Elías Ayub ex-director transexenal y señalado
promotor de la privatización; a la izda. Néstor Moreno su operador
internacional, un pillo escurridizo procesado por recibir millonarios
sobornos de empresas extranjeras.


Por si alguien tuviera duda del devastador efecto del calderonato, pues allí está la información actualizada: el sector eléctrico, reservado constitucional, única y exclusivamente al Estado, ya es mayoritariamente privado y extranjerizado, gracias a la política de la “puerta de atrás” practicada por el actual inquilino de Los Pinos y sus antecesores (de Salinas para acá). La Jornada (Israel Rodríguez) nos ilustra: “el desplazamiento de la Comisión Federal de Electricidad (CFE) por productores particulares extranjeros continúa, y al cierre del primer bimestre de 2012 los productores independientes de energía (PIE) poseen permisos para generar hasta 55 por ciento de la energía total que se consume en el país, en sus diversas modalidades”.
Públicamente, el actual inquilino de Los Pinos ha reiterado que “el gobierno no tiene intención” de privatizar lo que la Constitución establece como actividad única y exclusiva del Estado. Sin embargo, en los hechos, por abajo del agua, el avance privatizador en el sector eléctrico ha sido brutal, ostentoso y, desde luego, anticonstitucional. Lo mismo dijeron e hicieron Salinas y Zedillo, pero los dos panistas instalados en la residencia oficial se fueron hasta la cocina.
...
Aquí el texto completo. Ampliamente recomendable, al igual que la lectura cotidiana de esta columna, sin duda la más completa, bien informada y solvente de cuantas se publican sobre finanzas públicas y economía política de México.
Aquí más datos impactantes en un artículo complementario publicado un día después.

martes, abril 03, 2012

La iglesia para rezar, la escuela para enseñar.

Por Víctor Orozco.
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El  papa Benedicto XVI ha venido a México para promover la  libertad  religiosa, dice.
 Sabe de seguridad que en este país existe tal libertad desde el 4 de diciembre de 1860, cuando la proclamó el gobierno republicano. Y sabe también cómo alcanzar el ejercicio de tal derecho costó a los mexicanos ríos de sangre, brotados de la oposición ofrecida por la Iglesia católica, la cual condenó, excomulgó y combatió con todo lo que pudo a quienes defendieron esa libertad. Y que financió, armó y alentó también con todo lo que estuvo en sus manos a los ejércitos enemigos del derecho de este pueblo a tener o no tener creencias religiosas.
Tragedias similares ocurrieron a los franceses, españoles, italianos, brasileños, argentinos, peruanos... etcétera.
¿De dónde pues, esta cantaleta de la “libertad religiosa”, en boca de sus peores adversarios?
La metamorfosis de verdugos de la libertad de creencias en adalides de la misma, no proviene como puede suponerse, del abandono a la vieja idea del dominio absoluto de las conciencias y de los actos de los humanos, sino de la adecuación a los tiempos, en los cuales es inconcebible el regreso a la religión de Estado, única y excluyente, como se consignaba en los códigos políticos del pretérito. ¿Cómo se puede, en los países occidentales, apoyar alguna constitución bárbara en cuyos preceptos se reinstalaran las prohibiciones, matanzas y persecuciones desatadas en nombre de la “religión verdadera”? No es posible, ni siquiera para los ultramontanos o extremistas religiosos.
Entonces, se buscan otros instrumentos. Los dos principales son el control de los medios de comunicación y la impartición de educación religiosa en las escuelas públicas. Ambos, constituyen el núcleo de la libertad religiosa pregonada por los dirigentes de las burocracias eclesiásticas y políticas confabuladas en un sólo objetivo: conservar el dominio de la sociedad, reproduciéndose y auxiliándose constantemente.
Allí donde es posible instalar un Estado con prácticas confesionales, aunque se declare aconfesional o laico, la jerarquía católica copa todos los espacios a su alcance.
Veamos el caso de España, donde los problemas derivados de la confusión entre la religión y la política, entre el Estado y la Iglesia católica, son el origen de una división antigua, profunda e irreconciliable en la sociedad. En el país ibérico, gracias al Acuerdo entre el Estado Español y la Santa Sede firmado en 1979 (sustituto del viejo concordato), el cual tiene rango de tratado internacional, pues es celebrado entre dos entidades soberanas, la Iglesia católica disfruta de privilegios insostenibles en otras latitudes. Participa de un porcentaje determinado en el monto global recaudado en el impuesto sobre la renta de personas físicas, mismo que el año pasado importó la suma de 260 millones de euros, casi 4 mil 500 millones de pesos mexicanos. Pero no sólo, además, el Estado debe pagar el salario de 25 mil profesores encargados de impartir educación religiosa en las escuelas oficiales y designados por los obispos en cada diócesis. Este régimen heredado del franquismo, se sostiene desde luego en la enorme influencia que cobra la jerarquía eclesiástica en la estructura del gobierno y en el conjunto de las instituciones públicas. Se trata de un poder fáctico cuyo peso específico desequilibra la vida política española. Jurídicamente, estos derechos de la Iglesia católica, están salvaguardados por un tratado internacional, como he mencionado.
La corte del Vaticano –no lo digo en sentido peyorativo, pues se trata de una estructura monárquica– ostenta así dos personalidades: su titular es a la vez jefe religioso y jefe de Estado. De esta suerte, puede exigir para el primero en nombre del segundo. El gobierno español carece de facultades para eliminar estos privilegios y aberraciones decimonónicas, ni aún por acuerdo de sus órganos legislativos, toda vez que los tratados celebrados con otros estados, se encuentran por encima de la ley interna. Se requiere la denuncia del instrumento en el cual se fincan, circunstancia que lleva el conflicto al plano de una disputa internacional. El candado es firme como se advierte y quizá al menos en este punto, Francisco Franco, el “caudillo de España por la gracia de Dios”, no se equivocó cuando dijo en vísperas de su muerte que “todo estaba atado y bien atado”.
Uno tras otro, los voceros de la Iglesia católica insisten en establecer en México la enseñanza religiosa en las escuelas estatales. Algún obispo se preguntaba, haciendo gala de socarronería, quién iba a pagar a esos docentes confesionales. Obviamente no se requiere mucha imaginación para suponer que como en España, los dineros saldrían de los impuestos, de todos los mexicanos, católicos o no, creyentes o no.
En noviembre del año pasado, los obispos reunidos en su conferencia episcopal, tuvieron una junta con el presidente de la República y le presentaron la propuesta-exigencia. Si la Constitución política establece que el mexicano es un Estado laico, pues no la modifiquemos dicen los clérigos, hagámonos de la vista gorda y digamos con su santidad Benedicto XVI, que “... la educación de una confesión religiosa en las escuelas públicas, lejos de significar que el Estado asume o impone una creencia religiosa particular, indica el reconocimiento de la religión como un valor necesario para la formación de la persona”. Pero entonces, no inculquemos religión alguna, con sus dogmas y sus fantasías, sino enséñese historia de las religiones, de las culturas religiosas, de todos estos procesos como resultantes históricas, de manera tal, como decía un profesor de la Universidad Autónoma Metropolitana, que el educando conozca las razones por las cuales él es católico y su compañero de al lado es protestante o testigo de Jehová.
Obviamente ésta no es la idea de aquellos que claman por la “libertad religiosa”, sino la de imponer desde las aulas una concepción, unos usos, una visión del mundo acordes con los de la Iglesia católica y más aún, de quienes la dirigen y administran. ¡Ésta es la libertad religiosa por la cual tanto disputan ahora clérigos y políticos!
Ahora bien, ¿Es la mayoría de los mexicanos conforme con la terminación del Estado laico? ¿Con la introducción de la educación confesional en las escuelas oficiales? ¿Con la ilimitada participación de los sacerdotes en actividades políticas, incluyendo su postulación para cargos públicos? ¿Con el financiamiento con dineros fiscales para las actividades de las iglesias, preponderantemente de la católica?. Todas las encuestas dicen que no. El pueblo mexicano es mayoritariamente católico, cierto, pero hay arriba de 20 millones de habitantes de otras confesiones o de ninguna. Y, entre los declarados católicos, prevalecen, sin ninguna duda la sensatez, el amor a la libertad, el espíritu de la tolerancia y la pluralidad.
Quizá por ello, los legisladores confabulados con los dignatarios eclesiásticos para asaltar una por una a las instituciones republicanas, dan golpes de mano y no se atreven a desarrollar consultas cada vez que reforman las leyes para imponer marchas hacia el pasado. Un pasado, por cierto, que los mexicanos no olvidamos, ni en lo que tiene de glorioso por cuanto nos colocó entre las naciones más avanzadas del mundo cuando el gobierno de Benito Juárez expidió la ley de la libertad religiosa, ni en lo que tiene de oprobio, cuando las cúpulas clericales y políticas provocaron guerras fratricidas para evitar las emancipaciones, económicas y culturales.
La iglesia para rezar, la escuela para enseñar, es una frase con la cual muy pocos mexicanos están en desacuerdo, en ella se sintetizan estos sólidos aprendizajes históricos.
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Texto: La Jornada, 3 abril 2012.
Imágen: Joe Sistah, amigo flickero.

miércoles, febrero 22, 2012

Sigue la fiesta, estos no paran...
Atraco a la nación.
Columnista invitado: Carlos Fernández-Vega.

Un verdadero banquete de mugre, por decirlo suave, es lo que encontró la Auditoría Superior de la Federación durante su revisión de la cuenta pública 2010. Donde fiscalizó a la primera brotó pus; de las cuentas del inquilino de Los Pinos para abajo: sobregiros, opacidad, desvío de recursos para “rescatar” a los amigos del régimen, “guardaditos”, subejercicios, pérdidas para el erario por negocios privados con bienes de la nación, sobrecostos para beneficiar a consorcios trasnacionales, tesorerías paralelas, cifras infladas y faltantes, “caja chica” por 332 mil millones, brutal incremento de la deuda pública (“crece a un ritmo nueve veces mayor al de la economía”), gastos inflados para la “celebración del Bicentenario” (con la E$tela de Lu$ a la cabeza), y tantas otras bellezas, sin olvidar las gracias del Legislativo, el Judicial y los gobiernos estatales. Siete de cada diez auditorías practicadas al gobierno federal registraron cifras que de plano no cuadran. He allí las prometidas “manos limpias”.
Cada año se escucha el discurso celebratorio por contar con un “presupuesto histórico”. Billones de pesos de gasto público “para el bien de los mexicanos”. Sin embargo, revisión tras revisión de la cuenta pública, crece el número de anomalías, desvíos, subejercicios y conexos que en nada benefician a los dueños originales de esos dineros pero sí, y crecientemente, a quienes los manejan. “Presupuesto histórico” destinado a pagar la ya billonaria nómina burocrática (33 centavos de cada peso se destinan a tal fin, oficialmente), el monárquico tren de vida de los funcionarios, la voluminosa cuan creciente deuda pública (se paga débito para contratar más débito, en un circuito interminable), los caprichos del inquilino de Los Pinos y banda que lo acompaña, y al final de cuentas de lo “histórico” quedan disponibles, en el mejor de los casos, 10 centavos de cada peso para cuestiones productivas, si es que finalmente no los utilizan para otra cosa.
No es, pues, cuánto sino cómo se gasta, y para el caso del panismo en el gobierno (Fox y Calderón) el manejo de los recursos públicos es un verdadero desastre, aderezado con creciente discrecionalidad y corrupción, a tal grado que los blanquiazules han hecho la hombrada de superar a su maestro tricolor. El problema es que nada pasa: subejercicios, sobregiros, desvíos, “guardaditos” y conexos, y nada sucede, pues al año siguiente repiten el numerito y lo mejoran. Allí está el caso del inquilino de Los Pinos, quien en 2010 gastó 6 mil 479 millones de pesos en “comunicación social”, monto tres veces superior al legalmente autorizado por la Cámara de Diputados.
Más allá de la ínfima calidad de los “mensajes” y “anuncios” transmitidos por Los Pinos y de que el inquilino de la residencia oficial contrató tiempos comerciales antes de utilizar tiempos oficiales en los medios privados de comunicación electrónica, esos 6 mil 479 millones de pesos consumidos en “comunicación social” equivalen a 1.7 veces el presupuesto anual (2011) de la Secretaría del Trabajo; 1.3 veces el de la Secretaría de la Reforma Agraria; 1.6 veces el de la Secretaría de Turismo; cinco veces el de la Secretaría de la Función Pública (que supuestamente debe vigilar y evitar asaltos como ese); 1.65 veces el del Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán y 38 por ciento del autorizado al Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, Conacyt. En 2011, el susodicho erogó, cada 24 horas, 17.75 millones de pesos para sus promocionales, o si se prefiere 740 mil pesos por hora.
También se utilizaron recursos públicos originalmente destinados a los programas de vivienda para “inversiones en capitales y bonos de dudosa calidad, por lo que es recomendable la revisión de la legislación, a fin de evitar la especulación con recursos públicos”, de acuerdo con la Auditoría Superior de la Federación, que ha documentado el “comportamiento inercial del gasto corriente” y “ha observado de manera constante que los proyectos de infraestructura, en un gran número de los diversos entes auditados, han presentado modificaciones recurrentes respecto de las previsiones originales. Esto se ha traducido en incrementos sustanciales en los montos de inversión, y aumento en el plazo de contratación, ejecución y puesta en marcha. Los efectos de esta problemática conllevan repercusiones sociales y económicas que afectan, en primer término, a la sociedad, al no contar oportunamente con los beneficios de las obras, y al erario, ante la generación de sobrecostos, en relación con los presupuestos autorizados”.
En materia de deuda pública, la ASF documentó que la correspondiente al gobierno federal creció “a un ritmo nueve veces mayor al de la economía”, mientras la relativa a estados y municipios aumentó casi 43 por ciento. A ese barril sin fondo que se conoce como “rescate bancario” (Fobaproa-IPAB) se han destinado 712 mil millones de pesos, y aún faltan por cubrir 769 mil millones (“el costo total equivale al presupuesto de 58 años para combatir la pobreza”), mientras las grandes empresas (muchas de ellas asociadas a todo tipo de “rescates” con recursos públicos) concentraron 75 por ciento de la devolución de impuestos).
Con Ernesto Cordero en Hacienda, esta dependencia del Ejecutivo “ocultó información y no detalló el destino de 45 mil 377 millones de pesos en 2010”. Con Juan Molinar Horcasitas en la silla principal de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, se concesionó (por 20 años, renovables) la red de fibra oscura de la Comisión Federal de Electricidad. Los “ganadores” de tal concesión fueron Megacable-Televisa-Telefónica (asociadas en una sola empresa), lo cual lejos de generar beneficio al Estado mexicano le provocó una pérdida de 4 mil 548 millones de pesos. De hecho, la SCT, con Molinar, “concesionó la red a pesar de que conocía la no conveniencia de otorgarla”. Y allí está, también producto de Molinar Horcasitas, el estercolero de la licitación 21.
No se puede dejar a un lado a la Secretaría de Economía, con generosas concesiones mineras al capital privado (en el mejor de los casos, por cada peso que por este concepto entra –se supone– al erario, los magnates se llevan 85 pesos). Tampoco a la Secretaría de Energía y a Petróleos Mexicanos: “los contratos de servicios múltiples en los que participan consorcios privados para la explotación de gas en la cuenca de Burgos, tuvieron en 2010 un sobrecosto de 13 por ciento y una producción por abajo de 30 por ciento con respecto a los contratos tradicionales con los que Pemex”. Y CFE: lo suyo es sobrefacturar, y cada bimestre cobra más.
Las rebanadas del pastel
En fin, no caben en este espacio todas las barbaridades del foxismo y del calderonismo, pero se pueden sintetizar así: gobiernos blanquiazules, sinónimo de atraco a la nación.
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 Columna  México, S.A., La Jornada 22-f-12.

martes, enero 10, 2012


Columnista invitada...

Sabina Berman.

Homo priistus.

1. Igual que un árbol es los círculos concéntricos de corteza de su historia. Igual que un organismo es la memoria de su evolución cifrada en su estructura orgánica. Igual la cultura priista puede explicarse por su génesis y sus principales momentos de cambio.
2. El priismo se inventó para evitar golpes de Estado, y sus horrendos ríos de sangre derramada. En adelante, unos pocos, en la cúpula del partido único emanado de la Revolución, elegirían al nuevo tlatoani, al nuevo dictador, al Mussolini mexica de poderes ilimitados, salvo una sola acotación, su mandato duraría un solo periodo.
De ahí la disciplinada sumisión del homo priistus a su líder. De ahí también su profunda abnegación ante sus yerros. Ante ellos el homo priistus filosofa en silencio: este dios también pasará.
3. El priismo se inventó también para esquivar la democracia, y sus angustiosas incertidumbres. De ahí la aversión del priista de otrora y de hoy a la democracia y sus mecanismos. El debate y las votaciones. Si algo puede convenirse a puerta cerrada entre pocos, a qué arriesgarse a someterlo a la ignorante voluntad popular o a la discusión pública. Los acuerdos son convenidos antes de llegar a las votaciones. Los votantes son cooptados si es necesario. Los votantes son inventados si es imprescindible.
Por eso el candidato actual del PRI a la presidencia fue ungido sin elección ni debate previo. Por eso sus trastabilleos cuando es interpelado directamente por el popolo, que cree vivir en una democracia.
4. Y sin embargo, más por razones estéticas que éticas, el PRI decidió enmascarar su mecanismo sucesorio con las formas de una democracia. No le era obligatorio. Las dictaduras soviética y china no se avergonzaban de ser eso, dictaduras de partido. En todo caso, la mascarada dio origen al doble lenguaje de la cultura priista.
Hoy como ayer, el homo priistus sigue hablando la mitad de lo que cree o lo que sabe. Sigue diciéndole a Pedro para que lo entienda Juan. Sigue creyendo que el poder depende de guardar las verdaderas verdades en el secreto de unos pocos. Se sabe incluso de un priista contemporáneo que no está seguro nunca de lo que ha dicho en la televisión, hasta que los comentaristas lo glosan.
5. Y es que el doble lenguaje no es solo una táctica de poder, igual es una dificultad de comunicación. ¿Cómo aprovechar la conversación pública de una democracia si no se habla claro y no se escucha sin malicia y no se cree en el pensamiento que se genera entre los muchos?
En el 2007, la presidenta del PRI, Beatriz Paredes, llegó a un juicio histórico. El PRI carece de ideología y ha estado condenado a cambiar su pensamiento cada sexenio, para seguir al de su Mussolini temporal. “Ha sido un partido gelatina”, declaró, con inigualable elegancia. Y propuso que el PRI se comprometiera con la ideología de la social democracia. Siendo ella la tlatoani temporal, se le obedeció. En una asamblea, y sin debate previo, se votó y se aprobó por mayoría absoluta la nueva ideología.
Ese año y el siguiente los priistas de 17 estados se aliaron con la Iglesia católica para criminalizar el aborto, es decir: hicieron lo que ningún partido social demócrata en el planeta. En la reunión de partidos social demócratas del continente, la jefa del Congreso se lo reclamó a Beatriz Paredes que escuchaba el discurso sentada en una curul. Como toda respuesta, la priista se dedicó a dibujar en su cuaderno. Acaso una gelatina.
6. En los 1950s, los priistas se bajaron de los caballos y se montaron en Cadillacs. La generación de generales revolucionarios dio paso a la de políticos empresarios. Y se oficializó el derecho de todo priista a enriquecerse de forma fabulosa a costa del tráfico de influencias.
A estas fechas, no se sabe de un exgobernador o un líder sindical priista que no sea multimillonario. Hoy mismo, no se sabe de alguno que haya sido llevado a juicio.
7. Las privatizaciones de los 1990s crearon una élite de oligarcas priistas. El problema de aquel intento de democratización económica, no fue que la acumulación de capital fue injusta –siempre lo es–, sino que la desconfianza priista por la democracia evitó que se crearan reglas claras para la competencia o para la transmisión de la propiedad. Así, los nuevos monopolios privados quedaron bajo el control priista, escudados por su poder político de la competencia y también a su merced.
Llegada la democracia, los oligarcas pagaron mal al PRI: aprovecharon para deshacerse de sus viejos amos y sojuzgaron al débil gobierno panista convirtiéndolo en su servidor. No es casual que en el 2006 el candidato panista a la presidencia asistiera a las reuniones con empresarios con una pequeña libreta negra, donde tomaba nota de sus indicaciones.
Si el PRI regresa a la presidencia podría mantenerse a las órdenes de los oligarcas, y así parece calcularlo al menos la empresa Televisa, pero es más probable, dada su habilidad para manejar la autoridad del poder, que gire la fórmula, convirtiéndolos nuevamente en vasallos. En todo caso, el nexo entre el poder político y la empresa privada no será roto por un presidente priista –como debiera estarlo en una democracia funcional–.
8. El PRI fue desterrado de Los Pinos por la sociedad civil, la élite cultural y los partidos de oposición. El PAN al asumir el gobierno no lo reconoció, prefirió gobernar solo, sin aprovechar la inteligencia de los intelectuales, los artistas, los activistas sociales o los miembros de la otra oposición, la de izquierda. En el pecado de soberbia estuvo la penitencia de pobreza: sin artistas con imaginación estética para crear nuevas imágenes y expresiones, sin ambición histórica para cambiar la estructura del sistema, sin la seriedad intelectual para examinar al homo priistus y deslindarlo del homo mexicanus, los panistas se sentaron en los sillones de las oficinas de los priistas y no examinaron ni reinventaron el sistema ni sus formas.
Esta es la tristeza: si los priistas regresan en el 2012 a esas oficinas, no tendrán que ajustarse a un novedoso y para ellos desconocido régimen democrático: simplemente tomarán asiento en los sillones y emplearán los instrumentos que sus padres y abuelos priistas diseñaron.
9. Como los panistas tampoco se atrevieron a entronizar la Ley para reordenar al país, sin un emperador temporal la seguridad se ha vuelto una catástrofe. Existen los mismos policías y los mismos jueces corruptos del tiempo priista, o sus sucesores clonados, pero como nadie manda sobre ellos, como otrora mandaba la burocracia priista, los números que cifran el caos son pasmosos. 98% de los crímenes no son perseguidos hoy en el país y los índices de crimen se han multiplicado.
10. Hoy uno de cada dos mexicanos se dice dispuesto a votar por la nostalgia de un país que funcionaba autoritariamente, corruptamente, mentirosamente, pero funcionaba mejor. Sea justa o no, esa es la percepción. Es decir, hoy uno de cada dos mexicanos no ve una alternativa de futuro mejor que nuestro pasado priista.
La responsabilidad es de la Izquierda. Si a los candidatos panistas les corresponde proponer la continuidad de sus 12 años de gobierno, si al PRI le corresponde ofrecernos el pasado, es a la Izquierda a quien le corresponde ofrecer un futuro no conocido.
Un sistema que promueva la honestidad, el lenguaje franco, la creatividad cultural, la libre competencia y la seguridad. Una mutación del homo priistus en otra especie de mexicano.
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(*) Proceso 1836, 10 enero 2012. Foto: Germán Canseco.

viernes, agosto 19, 2011


Tres frescas para Benedicto al llegar a España.
El  farsante de Roma...
Manolo Saco.
Viendo las imágenes de tanta desmesura inaugurada ayer por el cardenal (de Madrid) Rouco Varela, de tan disparatada sobreactuación por la visita del farsante de Roma, de tanto derroche, de tan impúdica exhibición de riqueza y poder, de tanta manipulación, me acordé de una nota a pie de página del libro “El Imperio Romano”, de Isaac Asimov, como si Roma, en verdad, no pudiera escapar jamás a la maldición de que los pueblos que olvidan su historia están condenados a repetirla. Decía Asimov, refiriéndose a los años de lenta agonía del imperio: “Parece ser una regla casi invariable que, a medida que el poder real decae, los símbolos del poder se multiplican e intensifican, en compensación”.
En la lenta agonía de la religión católica, de iglesias desiertas, tan solo refugio en penumbra de ancianos aterrorizados por la inminente llegada de la muerte, de seminarios vacíos que ni siquiera son atractivos ya para la antaño legión de pederastas que afinaban allí sus armas para la posterior caza de sus presas infantiles indefensas, de una espiritualidad cada vez más descaradamente terrenal, enemiga del progreso y de la ciencia, culpable de la muerte por Sida de millones de fieles a los que se les impide la utilización del preservativo, cómplice de los crímenes de sus sacerdotes pederastas, religión que basa su fuerza, como ETA, como los nazis, como toda dictadura, en el terror, en este caso el terror que infunde la amenaza de una condena al fuego eterno, con el agravante de tortura… en esa lenta agonía, como en la antigua Roma, el ego del emperador de un país de zarzuela, sumo pontífice, vicediós, antiguo nazi, exjefe del brazo terrorista de la Iglesia, el heredero de la Inquisición, “multiplica los símbolos de su poder” para poner en pie la ilusión óptica de un vigor juvenil perdido, de que la iglesia de ancianos que preside es un lugar de esperanza para la juventud.
 El antiguo nazi, quizá agobiado por una nostalgia senil de cuando paseaba marcialmente su uniforme de las Juventudes Hitlerianas, de botas y correaje militar, y saludaba brazo en alto, a la romana, a cuanta cruz gamada se le pusiese por delante, no quiere morirse sin antes experimentar la sublime sensación de ese viaje místico que debe de ser el baño de masas, al mejor estilo de los dictadores a los que la Iglesia ha servido tan obsequiosamente a lo largo de la historia.
 Cuanto más decadente es el emperador, más gigantesca es la fiesta. Nuestro generalito, de voz afeminada asombrosamente parecida a la de Ratzinger, en las mismas puertas de la muerte reunió a cientos de miles de adoradores, embelesados, brazo en alto, a la romana, en la Plaza de Oriente. Su religión agonizaba, pero él ejercía todavía de sumo sacerdote de un régimen terrorista.
 Ratzinger sabe que la fábrica de hacer fieles a través de las escuelas católicas está bien engrasada por gobiernos serviles y temerosos de su poder.
Sabe que sus comandos terroristas están incardinados en todos los estamentos del Estado, en la política, en las finanzas, en la judicatura, que son quienes sostienen el tinglado de su farsa.
Sabe que sus iglesias están vacías, que parecen geriátricos tristes, pero tiene cogido por los mismísimos hasta al candidato (del PSOE) Rubalcaba, que dice estar dispuesto a recibirle con el respeto que se merece, aunque yo no alcance a comprender qué respeto se merece el jefe de una religión de terror.
 Lo de menos es que alimentar el ego del farsante de Roma nos vaya a costar 50 millones de euros. Lo más triste es comprobar la permanencia y vigor del poder de manipulación de las fuerzas del mal sobre los jóvenes. ¡Mira que cuesta apartarles de las drogas! Con su poder alucinógeno, les han hecho adorar a un ser inexistente, y tienen por líder a un embaucador sediento de poder y dinero. Mal comienzo para el siglo XXI.
Tomado de www.publico.es 17ago2011.

martes, agosto 09, 2011

Conferencista invitado.
El mercado para legos.
Marcos Roitman Rosenmann.

Un nuevo dios recorre el mundo, el mercado. Son muchos quienes temen su presencia. Nada más pronunciar su nombre se ponen a temblar, les entra el miedo, pierden la compostura y no saben dónde meterse. Entre sus cualidades destaca la omnipresencia. Su sombra cubre el planeta. Quienes lo provocan sufren la ira del supremo. Posee un hambre insaciable, nunca está satisfecho y exige tributos a diario. Las ofrendas tributadas provienen del sector público. Traga compañías de electricidad, hospitales, redes telefónicas, de navegación, viviendas sociales, universidades, etcétera. Nunca le hace asco a la privatización. Se pierde por la desregulación. Le encanta ver a los suyos portar viandas llenas de contratos basura, trabajo precario y despido libre. Se pirra por la esclavitud infantil, los inmigrantes sin papeles, la trata de blancas, el desahucio por impago o el lavado de dinero. Se atiborra de corrupción, fraude fiscal y subidas de IVA. A banqueros, empresarios y trasnacionales les ofrece, a cambio de profesar su doctrina, un trato de favor. Los exonera de impuestos, pagos a la seguridad social y les otorga el plácet para ejercer la usura. Asimismo, les bendice cuando realizan cualquier transacción donde se cobran comisiones abusivas a costa del sufrimiento de las mayorías sociales empobrecidas.
Invocarlo en vano es una insensatez. Mejor plegarse a sus designios, de lo contrario desata su furia y castiga a los paganos con incertidumbre, miseria, hambre y muerte. Sus seguidores constituyen una secta. Fanáticos que practican rituales de sangre cuyo chivo expiatorio, el Estado del bienestar, degüellan, ofreciendo su cabeza al capital financiero y las trasnacionales. En su nombre se convocan reuniones internacionales, aquelarres en las cuales prima el despilfarro, acompañado de buenas viandas. Son cónclaves cuyos apóstoles se dan a la tarea de redactar homilías y sermones a los infieles. En ellos fijan objetivos e identifican a los enemigos, declarándoles una guerra a muerte. Tras la hecatombe, derrotado el hereje, se le ofrece una paz consistente en la reconstrucción. Es el momento para hacer negocios, repartir comisiones, ahondar en la corrupción y poner gobiernos conversos. Así, el dios mercado se siente satisfecho y pletórico. En caso de resistencia, sus cruzados invaden el territorio permitiendo aumentar los beneficios del complejo industrial-militar, uno de sus más leales seguidores.
Para venerar al nuevo profeta se erigen catedrales. Entre las más conocidas, citamos la sede del Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y la Organización Mundial del Comercio. Asimismo, un lugar rancio se transforma en templo de peregrinación diaria, las bolsas de valores. De allí emanan los oráculos para el conjunto de los mortales. Con un lenguaje críptico nos declaman los idus del día. No hay país, grande o pequeño, rico o pobre, que no se precie de tener, al menos, uno de estos templos. Allí, también ventilan sus pecados y bendicen su suerte. Igualmente posee, como toda religión totalitaria, un tribunal inquisidor, un centro para el control de la fe y la doctrina. En este caso son las agencias de calificación de riesgos. Con casi un centenar de ellas esparcidas por el mundo, destacan tres: Standar&Poor’s, Moody’s Investor Service y Fitch Ratings. Al más mínimo desliz se abalanzan sobre el infractor, al cual torturan hasta que se retracte, utilizando todos los métodos a su alcance. La ortodoxia debe ser garantizada a cualquier precio.
Al nuevo dios no hay nada que se le resista, pertenezca al reino vegetal, animal o mineral. Bosques, selvas tropicales, océanos, ríos, plantas, animales, oro, plata, coltán, petróleo, forman parte de los bienes tributados por sus acólitos. El mercado tiene cara de pocos amigos, siempre está dispuesto a provocar el caos. Aunque todo hay que decirlo, hubo un tiempo donde su poder era escaso y sus adoradores unos pocos cientos. Sin embargo, lentamente, sus discípulos fueron tejiendo redes y ganando adeptos hasta convertirlo en dios de dioses. En esta labor de proselitismo se le atribuyeron milagros como bajar la inflación, racionalizar los recursos, gestionar mejor y haber vencido al maligno en forma de comunismo. Con su espada justiciera luchó contra todo aquel que defendiera políticas de igualdad, pleno empleo, redistribución de la renta o patrocinara la inversión pública. Los herejes y resistentes han sido perseguidos. Considerados escoria deben ser destruidos. Sólo les queda un camino, entonar el mea culpa. Y para expiar los pecados tendrán que hacer penitencias. La primera y más destaca consiste en divulgar el evangelio escrito por sus apóstoles: Hayek, Von Mises, Smith, Mandeville, Rawls o Friedman.
La economía de mercado se ha impuesto por la fuerza. Sin poder demostrar ninguno de sus milagros, se refugia en la violencia y ejerce la censura. La mejor manera para garantizar su hegemonía es recurrir al miedo y sembrar la desesperanza. Cada vez que es combatida se aferra a su profecía: “sin mercado no hay vida, intentar controlarlo nos aboca al fracaso como especie. O lo cuidamos y facilitamos su expansión o vendrán tiempos de estanflación, recesión e ingobernabilidad. No habrán centros comerciales, televisores de plasma en 3D, celulares, ordenadores, pensiones, ni crecimiento. Banqueros y empresarios se verán avocados a despedir a millones de gentes y por último se restringirá el uso de tarjetas de crédito. Volveremos a la edad de piedra. Para evitar que la profecía se cumpla y su maldición caiga sobre nuestras almas, debemos mantenernos firmes. La solución propuesta es sencilla, hay que apostatar de la democracia, incluso la representativa, la justicia social, la igualdad, la dignidad, la ética, y la cooperación social para el bien común. ¡¡Por favor soltemos amarras y demos la bienvenida al nuevo mesías!!
En la economía de mercado, sus voceros anuncian la salvación de la humanidad si dejamos actuar su mano invisible mediante la ley de la oferta y demanda. Defensores acérrimos del lucro, la usura, practicantes del individualismo, la moral egoísta, la competitividad y el despilfarro, no tienen escrúpulos en mentir. Tras años de predicar las buenaventuras del dios mercado, ninguna de sus promesas se han cumplido. Más inflación, desempleo, pérdida de derechos sociales y políticos, por tanto involución en los derechos humanos. La crisis actual lo atestigua. Aún así, le rezan, ponen velas y brindan las últimas ofrendas para saciar su hambre de privatización, esperando de esa manera colmar su voraz apetito y apacigüe su ira sacándonos de la crisis. Bienaventurados los incrédulos, de ellos será el reino del mercado. Amén.
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La Jornada, 30 julio 2011. El autor (foto) es un distinguido académico, pensador y analista independiente, chileno-español.

domingo, abril 10, 2011


Abolir la televisión.

Por José Agustín Ortíz Pinchetti

Espero que no crean que ya se me botó la canica; estoy consciente que no es fácil abolir la televisión. Habrá grandes obstáculos: a) el Estado necesita de la televisión para mantener engañados y sumisos a sus súbditos; b) los dueños de las televisoras no renunciarán a tan formidable negocio; c) los políticos la necesitan para que les invente su imagen; d) los mercaderes venden productos y servicios imaginarios y/o dañinos gracias a ella, y e) parte de la población requiere de la ración diaria de mentiras piadosas, infundios perversos, diversiones estúpidas. Es la nana electrónica. Permite extirpar en los niños el ánimo travieso, la iniciativa y la originalidad que solían tener.
Seré justo: ¿qué ventaja tiene la televisión? 1) Es un medio útil y moderno que alivia la desesperación de los desocupados y la decrepitud de los ancianos. “Recuerda al soma de los moribundos de Huxley”. 2) Las telenovelas contienen enseñanzas morales y religiosas según el ministro Lujambio. 3) La televisión ayuda a que se cumpla el Evangelio: la bienaventuranza de los mansos. Proporciona mansedumbre a la población para que no estalle de indignación con el sufrimiento cotidiano y las torpezas y corrupción de las autoridades.
Lo malo: 1) Se trata de una droga. Produce alteración de la conciencia: hipnotiza, deprime, narcotiza, alucina. Puede calificarse como un delito la producción, el comercio y el consumo de la tele. 2) Impide convivir (una familia aletargada en torno de la “caja” no está unida). Embota nuestra sensibilidad. Nos impide explorar, innovar, aprender, descubrir. Convierte al mundo en un paisaje virtual. 3) Es un poder, el más grande, sin contrapesos (Zaid, Bobbio).
Mi propuesta: no soy radical. La abolición total es una utopía multicolor. Hoy las utopías han sido abolidas y los utopistas perseguidos. Estoy por una abolición moderada.
Medidas concretas: 1) Acotar el uso de la tele como sustancia peligrosa. “Es el nuevo opio del pueblo” (Sábato). 2) Hay que reducir la programación a 2 horas 15 minutos al día. Más de ese tiempo genera dependencia irreversible. 3) Hay que poner letreritos en las imágenes de la tele que digan: “El consumo de este programa puede dañarle las neuronas”. 4) Hay que hacer grandes campañas para que la gente expulse los aparatos de televisión de sus casas. No hay que prohibirla. 5) Que la gente pueda verla un rato en los hogares enajenados sin remedio. Los teleadictos no podrán casarse ni tener hijos. 6) Hay que poner espectaculares en todas las carreteras y anunciar en la propia televisión y a todas horas la célebre frase: “Apaga la televisión, enciende tu vida”
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La Jornada, domingo 10 abril 2011.

martes, septiembre 07, 2010

Hieden y rebuznan los pervertos...
Pues fíjense que no, curitas hocicones.

Transcripción íntegra del artículo “Corrupto y asesino”, de Pedro Miguel, publicado en La Jornada el 7 de septiembre de 2010:
O sea que nos hemos convertido en un pueblo corrupto y asesino. Ése es el problema, según dice la voz de la Arquidiócesis de México: “Desafortunadamente nos damos cuenta de que somos un país que grita mucho para exigir que nuestros hermanos mexicanos sean respetados en Estados Unidos, pero poco o nada hacemos para respetar y cuidar a quienes transitan en iguales o peores condiciones a lo largo de nuestro país”.
Como si en México no existieran la solidaridad, la movilización, la rabia ni la denuncia, y no hubiera organizaciones –religiosas, en muchos casos, católicas, algunas de ellas– dedicadas a aliviar, en la medida de lo escasamente posible, los sufrimientos de migrantes centro y sudamericanos, campesinos reprimidos y cercados, mujeres perseguidas por ejercer sus derechos, obreros despedidos a la mala y evangelizados a toletazos de la Policía Federal, deudos de niños y jóvenes asesinados por la codicia de exponentes oligárquicos o por afanes inocultables de limpieza social, niños abusados por empresarios, curas o gobernadores adictos a la carne infantil.
El retrato del “pueblo corrupto y asesino” es la versión arzobispal del repetido dicho de Calderón: la sociedad en su conjunto es responsable por la situación de violencia que padece el país. Como si hubiera sido la sociedad la que cometió la magna estupidez (en su acepción de superlativo de crimen, y también en la otra) de declarar la guerra a la delincuencia sin haber realizado previamente un trabajo de inteligencia, depurado corporaciones policiales corrompidas y al servicio de las mafias, echado un ojo a las condiciones sociales que crean el caldo de cultivo para la proliferación delictiva y, sobre todo y ante todo, sin disponer de la mínima legitimidad política que diera sustento ciudadano a esa cruzada sangrienta.

Pues fíjense, señores del arzobispado, que no: el pueblo de México, en su gran mayoría, no es ni corrupto ni asesino. Por el contrario, es trabajador hasta el exceso, noble hasta la tolerancia al abuso, solidario y amoroso, cívico y civilizado.

No va a negarse que en años recientes han proliferado en sus filas los asesinos y los corruptos; no se desconocerá, tampoco, que el sicariato, el narco, el tráfico de personas y el secuestro conforman ya, gracias a la extinción del Estado promovida por el ciclo neoliberal Salinas-Calderón, grandes sectores de la economía. Pero esos fenómenos indeseables y acuciantes han sido impulsados desde el mismo poder público que les gestiona a ustedes controversias constitucionales, que garantiza la impunidad para sus pederastas, que los libra de todo mal ante tribunales, que se hace de la vista gorda cada vez que ustedes delinquen, que les regala cientos de millones de pesos del dinero público –dinero laico, así revienten– para edificar monumentos cristeros, que les encubre y hasta les apapacha sus insolencias; en suma, que los incluye y que tiene nombre histórico: la Reacción.

El pueblo mexicano, en su gran mayoría, es víctima, no cómplice, de los asesinos, de los corruptos y de ustedes, panoplia de poderes fácticos que van de Televisa al Arzobispado, que mangonea al país por medio de uno de sus feligreses explícitos, ése que ahora pretende socializar su responsabilidad por la violencia reinante. Muy agradecido debe estarles por esa ayudadota para disolver su mea culpa en un pecado colectivo tan nefasto como inventado, y digno del castigo bíblico de Sodoma y Gomorra: esto nos pasa por ser un pueblo corrupto y asesino, con el agravante de haber edificado la jalada de un Estado laico. Por eso se abaten sobre nosotros las tropas de los cárteles, por eso en los retenes militares se acribilla a familias enteras –ayer, en Nuevo León: dos muertos–, por eso mueren calcinados los bebés en una guardería a cargo del gobierno, por eso se pierden millones de puestos de trabajo, por eso la inflación, por eso la miseria: porque somos corruptos y asesinos.

Pues fíjense que no: si este país no se ha disuelto en la barbarie es porque su pueblo no ha sucumbido a la mentira, la corrupción y la violencia; porque se gana el pan en la forma que puede y, mientras sea posible, legal; porque, a pesar de todo, celebra la vida y el amor; porque se enorgullece de sus gestas históricas de liberación contra los poderes coloniales, oligárquicos y clericales; porque se organiza contra el creciente autoritarismo antidemocrático del momento actual; porque practica una ética social sin necesidad de la prédica injuriosa de ustedes; porque su espiritualidad es más profunda y extensa que un librito de catecismo, y porque les ha perdonado éstas y otras ofensas. No se confundan.
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La casa otorga el crédito debido, además de reconocimiento y admiración al autor de la fotografía y por supuesto a Pedro Miguel. De presentarse por aquí, les invitaremos de lo mejor de nuestros pulques y podrán regresar y beber gratis lo que quieran y cuando quieran.