martes, noviembre 11, 2014
jueves, agosto 22, 2013
| El vergonzante acto del domingo 18 de agosto del 2013. |
Vista por un periodista del futuro, la fotografía que exhibe a la cúpula priísta, sus rostros adustos, tensos o preocupados, anunciando su “apoyo total y absoluto” a la reforma energética, será considerada como el símbolo gráfico de un fin de ciclo.
Un ciclo en el cual los políticos nacionalistas supuestamente herederos de la revolución agraria de 1910 nos “doraron la píldora” durante seis décadas, inventando de paso una institución original: la dictadura perfecta.
La fotografía es estupenda, porque de inmediato recuerda las antiguas imágenes del Kremlin o las actuales de Kim Jong-Un en Corea del Norte. Todos quietos y uniformes para la fotografía.
Pero aún más notables son las declaraciones que acompañaron el acto. Que la Constitución de México, que costó la vida de un millón de compatriotas, no debe ser ya “objeto de veneración jurídica” es una monumental expresión de su confusión o su locura. ¿No la juraron sus militantes y legisladores? Y aquello de que la reforma es “patriótica, indispensable, vanguardista y muy priísta” remite a una clase de sicología clínica sobre la necedad infantil o la demencia.
Como si la contundencia con que se expone una afirmación fuera suficiente para demostrarla. Frente al acto y sus discursos, basta leer en la propuesta oficial una sola hoja, la página 12, que propone reformar el artículo 28. En las oficinas centrales de la Exxon, la British Petroleum, la Royal Dutch y la Chevron se debe estar festejando la posible derrota del acto patriótico de 1938.
Imposible ya esconder su verdadera identidad. Salieron del clóset los juniors, los señoritos, los catrines perfumados, los que compran en Beverly Hills (ver: www.youtube.com/watch?v=0AmH3eyuPp8 ), los modernos, los abiertamente clasistas, los que creen que la expansión del capital traerá progreso, los que olvidaron lo que es la patria, la vida o el planeta.
Y salieron por la vía más directa: la de las palabras que expresan ideas concretas que validan acciones personales o institucionales largamente disfrazadas o cuidadosamente negadas. El acto es una buena señal. Una muestra de debilidad. Ahora sí podremos afirmar sin ninguna duda que los priístas son neoliberales y de buena cepa. Tendrían ahora que cambiar el nombre del partido, expulsar a Villa, Zapata, Cárdenas, Echeverría, López Portillo y cualquier personaje que huela a nacionalista, y en su lugar poner a Margaret Thatcher, Ronald Reagan, George Bush y demás héroes del capitalismo trasnacional. Quizás un concurso nacional organizado por Televisa les ayude a encontrar los símbolos de su nueva identidad.
Yo anticipo que ahora sí, como en Egipto, Túnez, Islandia o Ecuador, se derrumbará el sistema, porque se puede hacer todo contra un pueblo, menos burlarse de sus mitos, de sus raíces y de sus ilusiones. Y ahí están ya los trabajadores petroleros rebelándose al sindicato y tomando las calles, y las comunidades en autodefensa declarando que lucharán por el petróleo. Siempre hay una gota que derrama el vaso. ¡Que Dios los tome confesados!
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La Jornada, 22 ago13
lunes, agosto 19, 2013
Peña, el ilusionista
Carlos Fazio.
El administrador-gerente de Los Pinos, sede ejecutiva y razón social de la empresa encargada de la compra venta de México en su fase actual, miente. Pese a tener asegurados los votos del Pacto por México para consumar el atraco del siglo a la nación −esto es, la contrarreforma energética−, Enrique Peña ha venido desplegando una demagógica y millonaria campaña de intoxicación mediática, con eje en la falsificación histórica y una distorsión y manipulación ideológica informativas.
En periodismo los adjetivos sobran; pero argumentados pueden ayudar a una comprensión de los hechos. Según su definición, una mentira es una expresión que resulta contraria (en todo o en parte) a lo que se sabe, se piensa o se cree. Lo opuesto de mentira es verdad. Mentir implica un engaño intencionado y consciente. Quien miente espera que el otro crea en la veracidad de su dicho. Quien miente sabe que está incurriendo en algo falaz, pero su interlocutor puede no advertirlo. La mentira implica una falsedad y opera como sinónimo de engaño, calumnia, embuste o falacia. A quien miente se le llama mentiroso.
Demagogia es una práctica política que mediante promesas falsas o infundadas manipula los sentimientos y las emociones de la población para ganarse su apoyo y convencerlas de la conveniencia de aceptar un programa de gobierno. Para el caso, la contrarreforma energética. A través de la propaganda y la retórica (como técnica de expresión para lograr la persuasión del destinatario), el demagogo busca incentivar los prejuicios, miedos y los deseos o las esperanzas de la gente para conseguir el favor popular. En última instancia, la demagogia permite atraer las decisiones de los demás hacia los intereses propios (o de la clase dominante) a partir de la utilización de falacias o mentiras. La manipulación de la información, la seudohistoria, los datos fuera de contexto y las falsas dicotomías también forman parte de la demagogia.
Aristóteles definió la demagogia como la forma corrupta o degenerada de la república. La práctica demagógica busca eliminar toda oposición y según Platón y Aristóteles puede conducir a un régimen autoritario oligárquico. Plutocrático y cleptocrático, diríamos hoy. Arrogándose el derecho de interpretar los intereses de las masas como intérprete de toda la nación (de la “mexicanidad” o el “verdadero cardenismo” para el caso de marras), el demagogo confisca todo el poder y la representación del pueblo e instaura una tiranía o dictadura personal.
El demagogo busca servirse de las masas para sus propios fines personales y/o de clase. Para eso cuenta con equipos de profesionales que aprovechan situaciones histórico-políticas excepcionales, dirigiéndolas para fines propios, para ganar el apoyo de la población, mediante mecanismos publicitarios, dramáticos y sicológicos. Naomi Klein le llamó la “doctrina del shock”. Hardt y Negri cuestionan como demagógicas a las democracias occidentales porque utilizan de manera intensiva técnicas publicitarias características del marketing y manipulan a la población a través de los medios de difusión masiva, amén de que recurren de manera sistemática a polarizaciones absolutas (maniqueas): bien-mal, democracia-populismo, desarrollo-atraso.
Falacia es utilizar argumentos que equivocan las relaciones lógicas entre elementos, o bien adoptan premisas evidentemente inaceptables. Al presentar información incompleta sobre su iniciativa energética, excluyendo posibles problemas y dificultades u ocultando datos, el “mágico” Peña cae en una manipulación de significados. Además, al “privatizar” de manera burda, antiética y tramposa el pensamiento y las posiciones de Lázaro Cárdenas (quien siempre priorizó el dominio de lo público y los fines sociales versus el apetito de los consorcios petroleros privados), practica la seudohistoria; no sigue las convenciones historiográficas y del método histórico y de modo artificioso busca minar los ideales cardenistas. Realiza una manipulación ideológica y escamotea la verdad vía una mala imitación que pretende hacer pasar por el objeto original. Falsedad suele vincularse con hipocresía, que se produce cuando un sujeto finge cualidades o sentimientos contrarios a los que verdaderamente posee; ello exhibe una ausencia de coherencia entre las ideas y las palabras o acciones.
Por todo lo anterior, el pragmático mesías épico que ha prometido casi el paraíso a los mexicanos, miente. Cuando Peña y su propaganda de saturación mediática dice que “Pemex ni se vende ni se privatiza”, miente de manera perversa, deshonesta y falaz. En la jerga orwelliana (donde dice paz leer guerra), hay que entender su mensaje en el sentido de que los hidrocarburos de la nación serán entregados a las trasnacionales ExxonMobil, Chevron, Shell, BP (ex British Petroleum), Total y Repsol YPF. Igual ocurrirá en el ramo de la electricidad, un área ya penetrada por Iberdrola, Gas Natural Fenosa, Endesa y otras empresas extranjeras.
En parte privatizados, los hidrocarburos y la electricidad son las joyas de la corona del proyecto neoliberal. La iniciativa-trampa del “negociante” Peña es gradualista: busca una contrarreforma constitucional (artículos 27 y 28) que elimine la exclusividad del Estado en petróleo, petroquímica básica y electricidad, y consumar luego −ese es el truco− el robo de la renta energética modificando la “letra chiquita” (leyes secundarias).
El ilusionista de Los Pinos −nada de lo que parece es− funge como capataz del gobierno en las sombras de la Alianza para la Seguridad y Prosperidad de América del Norte (Aspan). Es el asalariado de un puñado de plutócratas; los verdaderos amos de México. De aprobarse la contrarreforma, Peña −no ya Pemex ni la CFE− extenderá los permisos y contratos. Su suculenta tajada, pues: Business is business. Para alcanzar todo ello, si la protesta social se desborda cuenta con la prensa amaestrada, la maquinaria del PRI y el uso de la violencia represiva como último recurso. El espectáculo continúa.
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La Jornada, 19 de Agosto de 2013.
lunes, julio 08, 2013
Collage anónimo tomado de la red; cartón del monero Hernández, but of course.
sábado, julio 06, 2013
Entra un dólar; salen dos.
jueves, julio 04, 2013
miércoles, julio 03, 2013
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| El responsable, al centro. |
La reforma al 24 constitucional, una vergüenza.
En forma y fondo la reforma al artículo 24 constitucional sobre libertad religiosa ha sido de bochorno. La Comisión Permanente del Congreso de la Unión formuló, el pasado 19 de junio, la declaratoria de la reforma al artículo 24 constitucional, referido a libertad religiosa.
Si la reforma fue aprobada con apresuramiento en la Cámara de Diputados y en el Senado tuvo que pasar un año y dos meses para ser aprobada por los congresos estatales y lograr así el cincuenta por ciento más uno de las legislaturas locales, requeridos para su promulgación definitiva. El proceso fue accidentado, sufrido e inédito. Las principales reticencias para aprobarlas en las diferentes entidades emanaron del propio PRI, de sus corrientes liberales y masónicas que siguen siendo fuertes en muchas entidades del país. También se generaron potentes movilizaciones sociales, conducidas por Foro Cívico México Laico que aglutinó diversas organizaciones sociales. De manera relevante se generó la reacción en contra de numerosas iglesias evangélicas y de manera decisiva destaca la Iglesia La luz del mundo, que mostró músculo y capacidad de convocatoria en gran parte de las entidades mexicanas que por momentos llegaron a inquietar a las legislaturas locales y los obispos. En diversas entidades los congresos locales tuvieron que encarar la presión y movilización social de repudio a una reforma socialmente objetada. Sin embargo, la disciplina se impuso, la manija estaba en el PRI pues cuenta con la preponderancia de la mayoría de los congresos: numerosos legisladores con amargura relatan la presión que estableció Peña Nieto a las legislaturas estatales rebeldes, argumentando el cumplimiento de los compromisos contraídos.
Si bien laicidad y libertad religiosa van de la mano, muchos juristas temen que esta reforma podría minar el carácter laico del Estado en materia educativa. Ya hubo amagos en Puebla, donde legisladores panistas, invocando la libertad religiosa de los padres, querían establecer catecismo en las escuelas públicas. La iniciativa no prosperó, pero queda como inquietante precedente. Estas querellas podrían concluir en los tribunales de la Suprema Corte de Justicia con las reservas que todos tenemos. Hay que reconocer, asimismo, que la promulgación del artículo 24 se opera en una atmósfera enrarecida en términos de la política y la religión. Muchos políticos y funcionarios públicos han salido del clóset y de manera retadora han invocado signos religiosos para ejercer su mandato. El temor radica en que la Iglesia católica utilice dicho recurso para imponer su agenda.
lunes, abril 29, 2013
martes, abril 02, 2013
Cuatro meses después, fuera de las oficinas públicas, nada ha cambiado. Las autoridades municipales, estatales y federales siguen violando los derechos humanos en el marco de algo que ya no se llama guerra, pero que sigue siéndolo; día tras día se suceden los combates (aunque la jerga oficial los denomine “enfrentamientos”) entre dos o más de los difusos bandos de la contienda, y la población del norte, del sur y del Golfo sigue sin encontrar un solo motivo de alivio para la zozobra que padece desde hace más de seis años: homicidios, secuestros, levantones y extorsiones son, como en abril pasado y como en abril antepasado, el pan de todos los días para los inermes y hasta para los menos poderosos de los poderosos.
Así como el panismo priízado no tocó las raíces de la corrupción histórica cuando accedió a la Presidencia hace 12 años, hoy el priísmo empanizado se mantiene fiel en lo general, excepto por el discurso, al modelo de desestabilización violenta impuesto por Felipe Calderón desde el poder presidencial. Y con el telón de fondo de la descomposición imparable de las instituciones, proliferan en varios puntos del territorio nacional nuevas gavillas, desgajamientos menores de cárteles antiguos y organizaciones de autodefensa no más ilegales que la abdicación del Estado a su obligación central y fundacional: dar seguridad a la gente.
La guerra sigue, porque la población no cabe en la economía, porque la autoridad se ausentó y no ha regresado, porque se han llevado a sus últimas consecuencias las lógicas de la competitividad, la productividad y la ganancia: sólo el narcotráfico, la extorsión, el secuestro y el tráfico de personas son más rentables que las privatizaciones, los contratos mafiosos y las concesiones antinacionales que vienen siendo el modelo ideal de negocio desde tiempos de Salinas.
Y así como el foxismo fue la etapa superior del salinismo, el gobierno de Peña Nieto es el capítulo siguiente del calderonato. No hubo, en el recambio operado por el músculo del dinero en 2012, intención alguna de transición ni de cambio; se trataba, por el contrario, de asegurar la permanencia de las lógicas que rigen al Estado desde 1988. La única diferencia real entre uno y otro es la habilidad discursiva (del régimen, no de los gobernantes, entre quienes podría establecerse una eliminatoria por el campeonato de torpeza verbal); mientras que los panistas de Calderón no estuvieron lejos de confesar su odio hacia la plebe, los priístas de Peña se dieron vuelo acuñando y promoviendo frases del tipo “Peña, bombón, te quiero en mi colchón”, para regocijo de algunos sectores femeninos de las clases populares.
La guerra seguirá en tanto a los de arriba no se les acabe el negocio de liquidar al Estado en todas sus instituciones salvo, tal vez, la presidencial. Que el sector privado se encargue de las aduanas, de la seguridad, de las cárceles (¿verdad, señor Mondragón?), de la recaudación y también, por supuesto, de la educación, la salud, la generación de electricidad y la extracción y el transporte de petróleo.
Lo que deja, en todo caso, es garantizar la integridad de bancos, filiales de trasnacionales de servicios y empresarios adinerados y sus familiares. Quién le va a hallar cara de negocio a la protección de comunidades miserables y remotas, de ciudadanos anónimos que transitan en masa por las urbes, de jubilados y de jóvenes sin empleo ni escuela. Los segundos pueden seguir nutriendo la cifra de lo que antaño se denominaba “bajas colaterales” y que ahora ya no se llama de ninguna manera porque, por disposición oficial, no se habla de eso.
La guerra seguirá, pues, hasta que la gente diga “ya basta” y se dé cuenta de que el rey sexenal va desnudo: desnudo de respaldo, de simpatías y de consensos, salvo los que consigue a punta de repartición de prebendas entre las cúpulas políticas formales.
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martes, enero 15, 2013
Ustedes pensaban que nada nuevo podría surgir de la corrupción profunda, el añejo autoritarismo represivo, los padrinazgos del gran capital, la frivolidad televisiva, la simulación, el dispendio y el fraude, pero se equivocaron, y aquí estamos para demostrarles que nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos: ahora nos disponemos a combatir la corrupción y la opacidad, el influyentismo, los abusos de autoridad y las trácalas cometidas al amparo del poder; pondremos fin a la espiral de violencia a la que somos por completo ajenos, restableceremos la paz y la seguridad, recuperaremos la soberanía nacional, impulsaremos el bienestar popular, alentaremos el crecimiento e impondremos la transparencia, como antes.
No, perdón: como nunca antes.
A ustedes, los integrantes de una sociedad cada vez más insumisa, les proponemos un pacto: ustedes se olvidan de las circunstancias de nuestro triunfo –el favoritisimo mediático, los millones de votos comprados, el dinero lavado, la brutalidad policial– y nosotros les perdonamos sus exigencias de honestidad, su antipriísmo mayoritario y (concedamos) acaso irremediable, sus extravíos ciudadanos –esperemos que pasajeros–, su desprecio, su irritación, sus burlas y, sobre todo, sus afanes de organizarse al margen de estructuras corporativas y su empecinamiento en llenar las calles para repudiarnos.
Ya lo verán: tenemos cargos, encargos y escritorios para opositores de todas clases. Podemos forjarle una nueva vida a académicos desencantados; procurarle un futuro digno (es decir, con yate) a dirigentes sindicales hasta ahora independientes; mimar a activistas sociales; hacer la claridad en la cabeza de intelectuales melancólicos; rehabilitar a princesas mancilladas por el escándalo; resucitar a cadáveres políticos. Contamos con recompensas para cualquiera que aspire a superar la plaga populista del lopezobradorismo, a curarse del virus #YoSoy132, a sanar del zapatismo, a capitalizar su disidencia, a convertir en posición cómoda y honorable su lucha de toda la vida. A los panistas no necesitamos reclutarlos porque son nuestros: lo han sido desde 1988 y hasta nos hemos dado el lujo de gobernar por medio de ellos. Ah: y contaremos con una izquierda civilizada, educada, bien vestida, pasteurizada y con agregado de vitaminas por la vía de las prerrogativas electorales. Para ella, la promesa de que no la olvidaremos a la hora de formular los presupuestos.
Conocemos al dedillo las artes de la cooptación y de la seducción y si con ellas no bastara, sabemos también la manera de provocarles las peores pesadillas.
Aunque, claro, esto último no vamos a pregonarlo a voz en cuello como lo hicieron nuestros torpes antecesores panistas. A buen acatador, pocos garrotazos.
Las viejas generaciones conocen nuestras habilidades en la guerra sucia, en la desaparición, la tortura, el descrédito y el silencio. En cuanto a las más recientes, algo habrán aprendido en mayo de 2006 en Atenco, y las últimas han tenido su lección el pasado 1º de diciembre y en las semanas sucesivas.
Dennos un punto de apoyo y moveremos al mundo. No importa que no nos crean: simulen creernos y verán qué bien nos entendemos. Pronto caerán en la cuenta de que nosotros hemos sido, somos y seguiremos siendo su mejor opción, por más que no hayan optado por nosotros. Reconocemos los problemas, los encapsulamos y procuramos resolverlos de manera quirúrgica, es decir, sin tocar más que lo indispensable, sin trastocar este orden que le hemos dado al país, sin alterar las lógicas a las cuales servimos. Sabemos que forma es fondo y, por lo tanto, la apariencia de paz es paz, la apariencia de democracia es democracia y la apariencia de honestidad es honestidad. Ni le busquen.
Resistan, pero fortalézcannos. Opónganse, pero sírvannos, y ya verán que no vamos a tener ningún disgusto.
Sabemos ser diferentes sin perder nuestra esencia; somos capaces de cambiar todo lo que sea necesario para que no cambie nada y tenemos una vasta experiencia en el intercambio de dignidad por comodidad y, como pueden ver, hemos cambiado.
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La Jornada, 15 enero 2013.
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domingo, noviembre 04, 2012
miércoles, agosto 29, 2012
México vive uno de los momentos más peligrosos de su historia. La destrucción de la república avanza y todo parece anunciar que en poco tiempo el deterioro será irreversible. Las causas profundas de esta devastación son múltiples. Pero quizás pueden agruparse en tres grandes categorías, íntimamente entrelazadas.
En la primera encontramos los factores que moldearon la economía mexicana en los últimos cuatro decenios. Si bien es cierto que el modelo de industrialización por sustitución de importaciones (ISI) enfrentaba problemas desde los años 70, la crisis mundial que estalla en los años 80 fue la fuerza principal que destruyó esa estrategia de desarrollo. La experiencia de otros países demuestra que una política industrial y de ciencia y tecnología adecuada hubiera sido capaz de solucionar las “contradicciones internas”. En lugar de ello, el gobierno (sexenio de López Portillo) escogió ampliar la plataforma de exportación de petróleo sin aprovechar la oportunidad que esto representaba para desarrollar la industria de bienes de capital nacional. Se perdió la gran oportunidad para profundizar el proceso de industrialización.
En 1981 el entorno económico mundial se vuelve hostil: Estados Unidos decide aplicar un brutal aumento en las tasas de interés para frenar su inflación, lo que conduce a una recesión mundial y una caída fuerte en los precios de materias primas. El gobierno mexicano se había endeudado con su proyecto exportador de crudo y la coyuntura le hizo pedazos. La deuda se hizo
En los años 80 se abandona la idea del Estado como orientador de la estrategia de desarrollo. Se dice que el mercado es la mejor y más eficiente guía para la economía. Desde ese momento, el desarrollo económico deja de ser asunto de la república y se transforma en juego para las elites, nacionales y extranjeras. El premio en ese juego es la concentración de poder y riqueza. A los problemas estructurales del capitalismo (inestabilidad de la función de inversión, crisis en tasa de ganancia, etcétera), se agregan en el caso mexicano la ceguera y la corrupción.
El resultado es una economía disfuncional, distorsionada e incapaz de generar empleos y de mantener equilibrios sustentables en los agregados macroeconómicos. La concentración de poder económico y riqueza alcanza niveles extraordinarios. Dos terceras partes de la población perciben un salario miserable están en la línea de pobreza y tienen que recurrir a desesperadas estrategias de supervivencia.
En la segunda categoría de factores que contribuyen a la destrucción de la república se encuentra el papel de la clase política y las elites dominantes. En términos generales, estos grupos tienen una lógica de súper corto plazo en la que el enriquecimiento ilimitado (y si se puede, instantáneo) es el principio rector. Una señal inequívoca de decadencia: para muchos en esta casta la ignorancia de la historia y de lo que hoy sucede en el mundo es emblema de orgullo.
También en muchos de estos encumbrados personajes domina un desprecio por las clases trabajadoras, una herencia de racismo y discriminación de clase. ¿Qué si hay desempleo, miseria y desigualdad? ¡Qué importa! Las elites han transformado a la república y sus instituciones en aparato de dominación. La violencia derivada de la supuesta guerra contra el narco es el aspecto más visible de lo anterior.
El poder legislativo es un espacio de componendas y negociaciones turbias. Las directrices principales para la vida de la república no se definen en su seno. El poder judicial es un ecosistema plagado de corrupción. El Estado mexicano ha dejado de ofrecer un espacio para dirimir controversias sociales.
En la tercera categoría encontramos el desencanto popular. Es una sensación basada en la realidad política: los gobiernos que se suceden en esta maltrecha república carecen de legitimidad. La astucia para engañar y robar que despliegan las elites no pasa desapercibida en la nación. El escepticismo puede ser un componente saludable en la vida política, pero cuando es la respuesta popular a décadas de engaño, pillaje y cinismo de las elites y la clase política, se convierte en uno de los elementos más corrosivos en el tejido social.
La historia de Roma se pierde entre mitos y leyendas al desarrollarse la monarquía etrusca. Lo cierto es que al caer la dinastía de los reyes tarquinos se estableció una república que duraría 250 años. Bajo este régimen Roma hizo grandes aportaciones, entre otras, los fundamentos del derecho romano. Durante muchos años el mandato de la ley (lex) caminó de la mano de los dictados de la justicia (ius). Pero al final, el gobierno de la cosa pública (res publica) se destruyó por las crisis económicas, la plaga de los ejércitos privados y la corrupción de sus funcionarios. Suena familiar, ¿verdad? Así se produjo la transición. Los logros de la incipiente lucha por la democracia se perdieron en las tinieblas del imperio y la dictadura.
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lunes, julio 09, 2012
Columnista invitado...
El miedo a la democracia.
Carlos Fazio
La Jornada, 9 de Julio de 2012.
Una vez más, la fabricación del consentimiento funcionó. Triunfó la telecracia. El poder del dinero. La elección presidencial fue una gran operación de propaganda aceitada con sobornos, extorsiones y corrupción. Un montaje orquestado por los poderes fácticos a través de monopolios mediáticos y casas encuestadoras, en sociedad con el aparato del viejo partido de Estado, el Revolucionario Institucional (PRI). “Ganó México”, afirmó Enrique Peña en la victoria. Ahora, él representa el “interés nacional”. Es decir, el interés de la clase dominante. Adoctrinado por el sistema, será su administrador de turno.
Los amos de México disfrutan el espectáculo y se preparan para el gran banquete. Porque no hay engaño: se trataba de mantener a raya a la chusma libertaria, y lo lograron. En la actual selva socialdarwinista neoliberal mexicana, “ganó” el corrupto más competitivo. ¿Su tarea? Mantener a la atolondrada multitud en un estado de sumisión implícita; contener el despertar de la plebe. Ganó el candidato que contó con la maquinaria más experimentada en explotar la servidumbre humana, en controlar masas subordinadas, encadenadas a un orden autoritario-servil. Triunfó el más apto en el marco de un Estado de tipo delincuencial y mafioso en rápida fase de putinización.
Recuerda Noam Chomsky que en las sociedades industriales avanzadas la toma de decisiones reside en manos privadas, que utilizan instituciones ideológicas para canalizar el pensamiento y las actitudes de la población dentro de límites aceptables, desviando cualquier reto potencial hacia el privilegio y la autoridad establecidos, antes de que pueda cobrar forma y adquirir fuerza. La tarea consta de muchas facetas y agentes. Uno de los agentes principales para el control del pensamiento crítico son los medios de difusión masiva. Según Chomsky, los ciudadanos “deberían emprender un curso de autodefensa intelectual para protegerse de la manipulación y del control”. Sólo que en México, esta vez, a la guerra sucia y el terrorismo mediáticos hay que sumar el papel propagandístico de las principales firmas encuestadoras. Los sondeos no fallaron. Fueron diseñados para engañar y/o confundir a la “opinión pública”. Se manejaron espots propagandísticos en traje de encuestas, porque la gente cree que “los números nunca mienten” (la verdad matemática o “el fetichismo moderno por el número”, Ilán Semo dixit). Pero las cifras no son neutrales. La ofensiva massmediática tuvo como eje la difusión de una matriz de opinión dirigida a convencer al electorado, antes de que votara, de que ya había un ganador inalcanzable.
Los nexos económico-ideológicos entre el poder mediático y los mercaderes de encuestas son públicos. Hace varios años, las barras informativas de las cadenas de radio y televisión incorporaron como “analistas” a los directores de las encuestadoras más “profesionales” del mercado. Entre ellas, Consulta Mitofsky (cuyo cliente principal es Televisa Tv-Radio), GEA/ISA (propiedad de Jesús Reyes Heroles, contratada por el Grupo Multimedia Milenio), BCG Ulises Beltrán (al servicio del Grupo Imagen Multimedia que publica el diario Excélsior), Buendía y Laredo (El Universal) y Parametría (cadena El Sol de México). El caso del “sumo sacerdote” de Mitofsky, Roy Campos, en los espacios electrónicos de Televisa y Radio Fórmula, ha sido notable. También los de Francisco Abundis (Parametría) y Ulises Beltrán.
El trabajo de los nuevos gurús ha sido contribuir a la construcción social de Enrique Peña, manipular a las audiencias (“el aturdido rebaño”), fabricar una opinión pública a la carta y manufacturar un sesgo informativo en favor del bloque dominante, todo lo cual fue legitimado por las encuestas al proveerle el falso sello de la aprobación pública. Las firmas que manipularon las cifras en 2006 y legitimaron el fraude en favor de Felipe Calderón vendieron ahora el triunfo anticipado. A la manera de Antonio Gramsci, generaron el consenso necesario anexo a la fuerza. Mediante la repetición de una misma matriz –en la que participaron los intelectuales orgánicos de las cadenas de diarios bajo control monopólico–, los periodistas estrellas (press-titutes, los llamó Paul Craig Roberts) complementaron la faena. Ya en la recta final de las campañas, bajo la máscara de una “verdad técnica”, protegieron al puntero prefabricado y sembraron la desesperanza entre quienes aspiraban a un cambio.
Para Etelberto Cruz, la raíz de lo que algunos definen “encuestocracia” se encuentra en que los candidatos y las corporaciones mediáticas dan un uso político a los ejercicios de demoscopia, aprovechando que no hay transparencia sobre quién paga y los intereses que están detrás de esos sondeos. El bombardeo sobre la ventaja de Peña se insertó en una estrategia deliberada para propagar “la cultura de la anomia”, que Cruz define como “una cultura de la depresión que busca provocar la inacción, la parálisis del votante”. Una forma de inducir el voto por el que va a triunfar o el abstencionismo. Para hacer ganar a Peña, los poderes fácticos patrocinaron propaganda en forma de encuestas disfrazadas. La influencia de los señores del dinero, que en elecciones anteriores se hacía sentir en “publicidad pagada” por particulares –ahora prohibida por ley–, se transfirió al abono de encuestas. Ello permitió la proliferación de propaganda facciosa camuflada como estudios de opinión y trabajos demoscópicos, que al no estar debidamente regulados, verificados y auditados pudieron contrabandear sus sesgos, inconsistencias científicas y deficiencias metodológicas.
Una sociedad salvaje –en el sentido socialdarwinista–, que asistió impávida al asesinato de miles de niños, jóvenes, defensores de derechos humanos, periodistas y civiles inocentes, no estuvo a la altura de la indignación del movimiento #YoSoy132, menos pulsional y más pensante, ergo, más impermeable a los espots propagandísticos. Se dibuja la irrupción de un Estado corporativista ya no atomizado por mafias. Bajo Mussolini primó la mafia de los fascistas. ¿Qué deparará el peñismo?
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Imagen tomada de la red; crédito obligado a su autor.
miércoles, julio 04, 2012
■ El enjuague “prepagado” ■ Peña Nieto compra votos ■ Soriana, el gran negocio.
Bien haría Francisco Martín Bringas, presidente del consejo de administración de Organización Soriana, en brincar a la palestra y, micrófono en mano, ofrecer una explicación detallada de cómo fue que el candidato del PRI, Enrique Peña Nieto, adquirió un millón 800 mil tarjetas “prepagadas” (así les llaman) de ese supermercado (en una operación financiera estimada entre mil 125 y mil 800 millones de pesos, equivalente al 37-60 por ciento de las utilidades netas de 2011) para comprar el voto (mil pesos por cabeza) de electores del estado de México y algunos del Distrito Federal (hasta donde se ha documentado).
Las rebanadas del pastel
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Aquí el artículo de Jenaro Villamil en la revista Proceso del 4jul12 sobre el Sorianagate.
■ Presidencia Soriana ■ Dinosaurio-mapache ■ Usted disculpe ■ Victorias sin gloria
Muy poco duró el barniz de limpieza y legalidad sobre el rostro del dinosaurio-mapache. No terminaban los voceros del PRI de ensayar poses de solemnidad para sostener que su candidato presidencial era la encarnación de la democracia impoluta cuando ya se multiplicaban las grotescas pruebas de la descomunal compra de votos que se realizó para favorecer a Enrique Peña Nieto.
Y, mientras la liga se sigue estirando, ¡hasta mañana!
lunes, junio 25, 2012
Hipocresía y surrealismo priísta a tope.
Nota de El Siglo de Torreón 25 jun12
http://www.elsiglodetorreon.com.mx/noticia/756816.usa-pri-mas-de-1600-camiones.html.
Lea aquí la crónica del evento, de Arturo Cano de La Jornada; está para chuparse los dedos, deveras, no se la pierda.
domingo, junio 10, 2012
La profesión de traidor*.
El PAN repudió la traición de don (sic de La Virtud) Vicente, que dos días después se descaró diciendo que su verdadero objetivo era impedir que AMLO viniera a “descomponer la fiesta”. Una fiesta en la que él es uno de los pocos participantes. El 99 por ciento de la población no fue requerida.
La devastación provocada por tres administraciones priístas y dos panistas está inscrita en las vidas de casi todos los mexicanos. Todos sospechamos que Fox quiere ampararse en un compromiso de impunidad que no le puede otorgar el PAN y no puede negociar con AMLO.
Si existieran traidores profesionales, Fox podría optar por el cargo. Traicionó a sus compañeros de campaña y al PAN, con el que nunca se identifico; a la democracia, de la que fue enemigo activo, y a México: él se ha creído un "muchacho norteamericano exitoso"**: como reveló a una televisora estadounidense.
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** Comillas de la virtuosa R.
miércoles, junio 06, 2012

Otra vez la guerra sucia del 2006...
Unidos ante el “peligro”
Julio Hernández López, Astillero, La Jornada, 6 de junio 2012.
Presionados por el factor 132 que masivamente ha colocado en continuos bretes a Enrique Peña Nieto en donde quiera que se aparece, por la inocultable dilución de la mala opereta divisoria que pretendían sostener mediante hipocresías josefinas, y por el acelerado ascenso socialmente palpable de Andrés Manuel López Obrador como única opción de cambio, las verdaderas cúpulas rectoras del país han cerrado filas para desatar una versión actualizada de la inmunda guerra propagandística de 2006 (en especial con los nuevos espots con los que reviven los episodios de René Bejarano y del plantón de Reforma), sumir al país en una situación de incertidumbre y temor que propicie el voto conservador (utilizando de manera criminal la caída del peso frente al dólar como resultado del ascenso electoral de AMLO) y la siembra evidente de errores procesales en la ruta electoral que generen condiciones para la operación fraudulenta de especialistas adversos a la única candidatura reformista superviviente.
Las caretas han caído y se ha entrado ya en la fase del exterminio político del adversario. Por ello se recurre abiertamente a la tonalidad amenazante en la locución, a las imágenes estremecedoras, a lo inmobiliario en riesgo, al terrorismo económico, a la selección de gestos duros de AMLO y a la fraseología apenas renovada que vuelve a promover al tabasqueño como todavía peor peligro para México. No puede haber demostración más contundente del ascenso de López Obrador en las tendencias de voto (las reales, no las correspondientes a la otra faceta del fraude, la de las encuestas tramposas que han pretendido imponer una percepción encopetada que ahora no resiste ninguna confrontación con la realidad insurrecta) que esta desesperada avalancha de lodo que han soltado contra el perredista con la esperanza de rescatarse ellos mismos de entre los saldos nauseabundos.
Carcajadas macabras del panismo contra el peñanietismo que en son contribución de fondo al envenenamiento de la política y la instauración del miedo. Josefina, que no tiene nada que ganar, se burla del aspirante priísta y sus promesas y acompañantes, aunque eso va más allá de ella misma, accidental figura tragicómica de un libreto que nunca ha conocido más que en cumplimiento sobre la marcha de las líneas que le van soltando. Entre el cortinaje de los poderes amancebados está la dupla PRI-PAN, unida en lo alto por los intereses compartidos en peligro, aunque mantengan sus propias batallas bilaterales en busca de redefiniciones del botín deseado.
PAN y PRI pelean con intensidad para definir los porcentajes de ganancia que aspiran a tener cuando liquiden a su adversario tabasqueño y sellen entre generosidades mediáticas la reunificación de bandos en aras del “supremo interés nacional”. Felipe amaga con aprehender a los personajes más pringosos del catálogo del peñanietismo financista, los dos ex gobernadores de Tamaulipas que siempre se han cantado como piezas electorales de caza. Pero, al mismo tiempo, la banca jarocha PGR devuelve con intereses acumulados los veinticinco millones en maletas voladoras que desde Veracruz se habían enviado a Toluca.
Calderón aprieta al PRI, pero no tanto. Electoreras apariencias cumplidoras de justicia contra personajes norteños indefendibles (Tomás Yarrington y Eugenio Hernández) para tratar de levantar la cosecha de blanco y azul y así aumentar el volumen accionario del negocio sexenal a compartir. Mientras tanto, el gran defraudador electoral de 2006 aparece para promover el regreso a Los Pinos del PRI que supuestamente él había botado con tintes épicos luego convertidos en chiste sexenal de tortazos.
Chente el defraudador electoral salta para inducir el voto “útil” del panismo rumbo a las arcas del ex gobernador del estado de México que en las alturas reales de su copete lleva la marca del salinismo que es punto de convergencia de todos quienes creen llegada la hora de cerrar filas bélicas contra el pálido izquierdismo pejista que en las condiciones actuales resulta casi una amenaza revolucionaria para las elites acostumbradas a imponer a sus gerentes políticos al precio que sea necesario. Tan evidente es el uso táctico que se hace del deslenguado extraído del rancho San Cristóbal que el PAN, la difuminada Vázquez Mota y el propio Calderón juegan a no darle importancia al lance favorable al PRI que ha protagonizado Chente intocado antes y ahora por su papel en el fraude de 2006.
El angustiado Peña Nieto, por su parte, se hace rodear de presuntas fuerzas opositoras que hoy caen rendidas ante su encanto programático. Rosario Robles por delante y ya no hay mucho que sea necesario decir. Además, Arce y Círigo, antiguos usuarios de la izquierda y la ex panista electoralmente despechada, Lía Limón. Escenografía para consumo acrítico mientras avanzan los ejércitos de la defraudación electoral, financiados por los cárteles de gobernadores y ex gobernadores con cuota de votos a conseguir a como dé lugar.
Y un fantasma recorre el IFE, el fantasma de Leonardo Ugaldés Zurita. Misterioso pero sugestivo crecimiento de la lista de votantes en las zonas no urbanas (rurales) aunque los índices oficiales muestran una tendencia demográfica inversa: el voto verde del priísmo clásico es abonado con reacomodos que no permiten sospechas sino certidumbre. Y las constantes referencias a la escasa o nula preparación de funcionarios de casilla que presagian confusiones y desorden proporcionalmente preparados.
(Fragmento). Texto completo aquí. Recomendable nota periodística complementaria aquí.














