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domingo, abril 14, 2013

España republicana!

Al conmemorarse 82 años de que fue proclamada la segunda República Española, hoy domingo millares de súbditos del actual reino se han echado a las calles de Madrid y las principales ciudades para reivindicar sus convicciones republicanas, al grito de
--¡España- mañana- será- republicana!

Teniendo como marco la estrepitosa decadencia de la monarquía borbónica con sus historias de escándalos, frivolidad, corrupción, y el creciente rencor de la sociedad con los últimos gobiernos del "socialista" Zapatero y del ultra derechista y actual presidente Mariano Rajoy, que han llevado al país a la peor situación desde la guerra civil, los manifestantes han llendo plazas y entonado cantos y consignas que dan palmaria cuenta de su indignación y hartazgo.
Con el puño en alto, viejos y jóvenes gritan su descontento y su rabia porque los políticos les han escamoteado sus derechos laborales y su futuro.
Quienes gobiernan se han cargado al estado de bienestar que tan poco tiempo les había durado despues de la muerte del dictador. Los sindicatos, otrora ejemplo noble de compromiso con la clase trabajadora española se han achicado y han sucumbido a los dictados neoliberales, haciendo a un lado ideología y escondiendo sus principios debajo de la mesa.
El pueblo, como en 1931 en que echó a patadas al abuelo de Juan Carlos, está que trina de nueva cuenta en contra de una monarquía inútil y cleptocrática cuyos desfiguros le ofenden un día sí y otro también, y además le cuestan muy caro, enmedio de una terrible crisis económica, un desempleo galopante y cruel y una actitud canalla de sus elites empresariales y bancarias no solo insensibles, sino cínicas.
A la gente de la calle le queda muy claro -al parecer hasta ahora- que fue el genocida Franco a quien deben la herencia de un estado monárquico, medieval y decadente.
El diario digital publico.es ha publicado los resultados de una encuesta para medir el grado de aceptación del rey Juan Carlos en la que también se consulta sobre la eventual nueva forma de gobierno que sería deseable para España, especialmente sobre una tercera república.
Los resultados son apabullantes:

De la misma fuente recomendamos leer los resultados completos de esta encuesta y muy destacadamente los admirables artículos que aparecen en su edición de hoy, entre otros:
No digas a mi madre que trabajo en la Casa Real, de B. Cañibano.
No serás rey, Felipe, de Carlos Monedero.
Si le interesa el tema, y sobre todo el medio, guarde la liga en favoritos.

martes, noviembre 06, 2012


Théo Francos, brigadista internacional.
 Por Aitor Fernández/datecuenta.org.

En vista de que ni un jodido medio español se ha dignado a escribir cuatro líneas por tu muerte, Théo, me pongo a escribirlas yo, una persona sin apenas formación de redactor periodístico, pero a la que la rabia en el corazón le sigue moviendo a hacer muchas cosas, esta vez por la impotencia de comprender  que, en realidad, a nadie le importa cuántas veces arriesgaras tu vida por defender la causa antifascista, y digo causa porque defendiste la causa, la humanidad, por encima de nacionalidades y banderas. Yo te conocí y pude abrazarte, aunque quizá al salir de la ciudad no te acordaras ya nunca más de mí, pues tu memoria estaba completamente desdibujada, lo que no me impidió ser testigo de tu grandeza.
A lo que voy. Desde que conocí tu historia, Théo (contada por primero por la ARMH y leída luego por los textos de Sofía Moro) quise conocerte, pero fue dos años después cuando tuve la oportunidad. El verano pasado viajé a Baiona, en el penúltimo viaje del proyecto “Vencidxs”, para descubrir en ti a un hombre mucho más pequeño de lo que había visto en las fotos y vídeos, mermado por la vejez y la memoria, pero aún así excepcional y humano. Un idealista de verdad, que vino a luchar a España para derrocar el fascismo, aunque el Partido Comunista te lo impidiera, con muchos más voluntarios que se llamaron las Brigadas Internacionales. “¿Cuál es la razón del fascismo, Théo?” “Es la explotación -a pesar de todo tenías momentos de lucidez), a mi padre en Valladolid le hacían trabajar toda la noche con un trozo de pan y de cebolla.” Supongo que a eso querrían que volviéramos, y supongo que por eso tú no sales en los medios hoy.
El miedo nunca se separó de ti. Pero eso no te impidió hacer grandes cosas. Me dijiste que “a veces te despertabas por la noche y llorabas como un chaval”, supongo que recordando lo que te parecería el fin del mundo, o más bien, el fin de la humanidad, cuando te enterraban hasta la cintura para torturarte, en el campo de concentración de Miranda de Ebro, dándote latigazos a pleno sol y teniéndote así días enteros. “A veces pienso cómo pude aguantar tanto. La gente, desde fuera del campo, me tiraba comida o agua, que mis compañeros me daban cuando podían.” Eso fue la represalia por haberte fugado del campo. Por las alcantarillas. Porque las Brigadas se habían ido, pero tú te quedaste para seguir luchando, incluso cuando todo estaba perdido. “Eran los mismos presos los que construíamos el campo –me contaste de forma dispersa- pero no nuestros barracones, nosotros dormíamos a la intemperie. Construíamos para los soldados, incluso les hicimos una piscina” Y mientras, seguían exterminando a tus compañeros.

Cuando te liberaron pensabas que volvías a casa a descansar. Pero al llegar viste Baiona tomada por los nazis. “Me escapé en el puente, vi a mi madre de lejos, pero no me pude despedir de ella.” Porque entonces comenzó una nueva odisea para ti, aunque en realidad era la misma: seguir combatiendo el fascismo. Te alistaste como paracaidista en el ejército inglés y en la nueva guerra te esperaban las experiencias más duras de tu vida. Tuviste que matar a un compañero gravemente herido, que no tenía el coraje suficiente para tomarse la pastilla de cianuro que llevábais. En otra misión, al saltar, tu paracaídas quedó atrapado en el ala del avión: “Lo corté con el cuchillo como pude, y llegué bien a tierra. Me descontaron el coste del paracaídas del sueldo del mes.” Pero creo que lo peor fue cuando te fusilaron. A mí me parecía increíble. Viviste un fusilamiento, y por ello llevaste alojada una bala a unos centímetros del corazón toda tu vida. Te pregunté qué pensabas en esos momentos: “No sabes lo que está pasando, si es verdad o no. A veces te herían para que sufrieras antes de morir.” Pero tú no moriste, y te salvaron al día siguiente una pareja de campesinos de la resistencia.

Pero también conociste la bondad humana, como aquellos campesinos, o los ferroviarios que te tiraban comida, o las muchachas que te escondieron en el granero:“Especialmente me quedaba impresionado por la solidaridad de las mujeres, salvé mi vida muchas veces gracias a ellas.” Mujeres idealistas y valientes. En Stalingrado te adentraste 30km en las líneas enemigas con una muchacha rusa de 19 años para volar puentes e impedir el avance nazi. La reencontraste setenta años después, ella tenía noventa y tu hijo le decía que no te apretara tan fuerte, que te iba a matar del abrazo.
Y así ha sido tu vida, Théo. Me hablaste lentamente de tu bisnieto, perdido en una amalgama de recuerdos que te costaba ordenar. “Papi, tienes que llegar a los 100″, te decía. Quizá disfrutabas de él porque no podías haberlo hecho con tu hija, a la que conociste con 20 años por todo lo que tuviste que trabajar: “Al principio nadie me daba trabajo, así que tuve que viajar y trabajar fuera, ocupando más de treinta puestos de trabajo diferentes.” Me imagino que moriste en paz, aunque algo paenado porque veías el fascismo “volviendo a levantar cabeza”. Espero no tener que vivir las terribles experiencias que tú tuviste que vivir.

Conclusión. Y después de todo ¿para qué? -como me dijo también Concha Carretero- Toda esa gente que fue asesinada, que defendió la libertad de generaciones que ni conocerían después, que ha pagado con su juventud y con su vida todos y cada uno de los derechos que ahora tenemos y que estamos dejando perder uno a uno. ¿Para qué? Para que ningún medio dedique un par de líneas a tu muerte.
Ni Rajoy, ni la selección española de fútbol, ni la prima de riesgo merecen la mitad del espacio que debieras de ocupar en los medios. Así que, habiéndolo escrito más mal que bien por lo que te pido perdón, primero por no poder dedicarte todo el tiempo que te mereces, y segundo, avergonzado, porque no es éste el medio principal donde tu muerte debiera figurar. Un general español una vez te preguntó: “¿Tú no tienes madre? Porque no es normal que una persona realice tantas misiones” “Sí, señor, la tengo, lo hago por convicción” Te contestó muy seguro de sí mismo: “Pues quédate conmigo, porque por lo menos salvarás tu vida. Cuando acabe la guerra, no te van a agradecer nada.” Y era verdad.
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Tomado del diario La República. Enlace.
Collage digital de El Orejano.

miércoles, diciembre 23, 2009


Rojo, amarillo y morado

Demonios en Madrid?

Que si, Pichi, que viva
la Republica!


Hace un cuarto de siglo pasadito, el cantante José Luís Perales hizo popular una canción de chunga que hacia burletas de un Madrid que cambiaba de piel y arrojaba a la basura sus chulerías y se meaba sin miramientos en el encanto de las corralas y hasta en el pedestal del oso y el madroño.
La pieza se llamaba, creo, "Demonios en Madrid" y era tan ingeniosa y pegajosa como los propios compases del chotis callejero que parodiaba. Se puede escuchar en nuestra sinfonola, abajo, hasta el fondo de la pagina.
Era un aquí estoy de la modernidad que llegaba pisando fuerte, sin ningún respeto para el cadáver emplumado y putrefacto que reposaba ya (por la gracia de Dios) en el Valle de los Caídos.
El gato se echaba a retozar en Las Vistillas y en Carabanchel; las madrileñas se despojaban de la peineta y alguna otra prenda incomoda para ir mas al gusto del cuerpo y de los tiempos, mientras en la Gran Vía se extinguían poco a poco los bigotitos a lo facha y comenzaban a desvanecerse para siempre los serenos y los piropos castizos de Chamberí.
El querido profe Tierno se trepaba en una escalera y piolet en mano removía las placas esmaltadas de las calles de la villa que desde el 39 lucían nombres obscenos de asesinos y genocidas; Cebrían volaba muy alto en las alas de su diario El País, Antoñete anunciaba su enésimo regreso a los ruedos, y el pulquero de La Virtud aterrizaba seguido en Barajas, de paso a su patria, aprovechando los regresos de viajes de trabajo en paises rubios y helados, y luego se echaba a la calle andando, a Casa Labra y de allí al Abuelo y a otros templos sacrosantos del rumbo, para cargar las pilas. Mezclado entre el gentio, se contagiaba y entonaba el espíritu para la tremolina.
Entonces exclamaba, sintiendose profeta (de banqueta):
--Ah, que maravilla de España, que así como te vi en los tiempos malos, y así te miro en el comienzo de los buenos, ojalá tenga la suerte de verte en los mejores, en el siglo entrante. Si ahora, recien despierta de un mal sueño, estas que no la crees de espabilá y arrolladora, qué será dentro de veinticinco San Isidros!
Y no olvidando a mas de cuatro que soñaron durante media vida con gritarlo allá, pero que el tiempo (esa abstracción azoriniana, ingrata y cruel, que a veces produce vertigo) y el infortunio del destierro no los dejaron, el salon de La Virtud, acá, se enguapece, pintado de rojo, amarillo y morao, levanta a la voz muy alto, y lanza un sonoro
VIVA LA REPUBLICA!!!

viernes, agosto 07, 2009



Retablo de Gila el Rojo.

Unos años antes de su viaje sin regreso, Gila era invitado frecuentemente a tomar parte en programas de televisión. Su presencia en ellos era como un milagro que iluminaba el escenario y reducía a otros participantes a meros personajes secundarios, fuese cual fuese el tema tratado.
Porque Miguel era, ante todo, un filosofo. Un sabio de la vida cotidiana, un santo laico que había nutrido su saber infinito y paciente a golpes de destino y se había graduado con honores en la universidad de la vida, antes de hacerse profesional del humorismo. Cuando hablaba, igual frente a un amigo en el café, que en un escenario de teatro o en un plateau de televisión, fuese en serio, o en deliciosa jocundia, el tiempo parecía detenerse para escuchar la poesía sonriente de su decir rotundo y tierno.
En una ocasión, poco después de la muerte del dictador, y participando en un panel sobre asuntos de la actualidad de la transición española, se toco el tema de las opciones ideológicas y la definición política personal. Eran momentos en que las figuras públicas y los personajes de la farándula se guardaban de pronunciarse abiertamente delante de la audiencia, sobre todo los de ideas de izquierda.
Nieves Herrero, una entrevistadora inteligente y bien informada sobre la historia de Gila como combatiente republicano y sobre su posición abiertamente antifranquista, le dirigió a nuestro personaje una pregunta, planteada en forma cuidadosa y pudenda, tratando de no aludir en forma directa a su filiación política:
--Bueno, Miguel, pero es que las personas como tu, que tienen sus propias ideas, digamos…algo diferentes, algo, especiales….
A lo que Gila, poniendo cara de circunstancia y en tono cazurro –aun más que lo usual- le contesto, interrumpiéndole:
--Mira guapa, conmigo no tengas contemplaciones ni cortesías,…yo no soy ni diferente, ni especial, ni nada de lo que tú me dices:
-- Yo soy rojo!...y rojo he sido toda la vida,…igual que este…
Y el gran Gila, dueño total de la escena, le propino un codazo al invitado que se hallaba a su lado. Era un joven y estrafalario cantautor que luchaba por abrirse paso en su profesión y se llamaba Joaquín,… Joaquín Sabina.
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En La Virtud hemos instalado un telefono para uso exclusivo de Miguel, cuando baje a visitarnos. Nadie esta autorizado ni a tocarlo. Solo el.