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martes, octubre 09, 2012

El asunto...
Eugen de Blaas, italiano, pintó esta obra en el año de 1877. Como suele decir el arcipreste Catón de Saltillo en sus homilías y peroratas, nos hubiera gustado conocer a este artista e invitarle unos pulques.
El intríngulis del tal asunto se revela clamorosamente al mirarle la cara al cura. Para ello se sugiere ampliar la imágen.

martes, octubre 02, 2012

jueves, septiembre 20, 2012

Toma, Jeroma...
San Elías vs. el arte abstracto.

Esta extraña estampita de orígen sospechoso nos la pasaron anoche manos incógnitas por debajo de la puerta, mientras los pulqueros dormían como cochinos bajo las mesas y los faunos danzaban y berreaban por todo el salón

miércoles, septiembre 12, 2012

Vodka cocktail con pulque.
El vértigo que suele producir esta bonita imágen no corresponde al éxtasis místico que acompaña el paladeo del delicioso coktail cuya preparación ilustra. 
Más bien (diría el maestro José Fuentes Mares, santo patrón de esta casa, atuzándose los biogotes) prepara el espíritu y hace fuerte a quien se encuentra en la barra de La Virtud  fantaseando sobre lo que deberían contener los prolegómenos de una filosofía existencial en el México del 2012.

jueves, enero 26, 2012






De los muros de La Virtud...
Más de cabras y cabríos (con perdón).
Se conoce que la casa tiene una extraña predilección por el género caprino. Algunos de sus parroquianos más versados e ilustres han desmadejado el asunto repetidamente en sesudas y largas deliberaciones regadas con océanos de pulque y amenizadas por bellas piezas a cargo de filarmónicos ambulantes o de la sinfonola que alegra el cotarro desde el fondo del antro.
La conclusión a la que llegan estos sapientes varones es siempre la misma: "es que la cabra tira al monte".
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Imágen 1: Pergamino iluminado de 1407; Morgan Library, Reino Unido.
Imágen 2: Ángelo  Garino, s XIX, Curas en taberna.
Imágen 3: Anon. escuela alemana, s XIX, Ninfas y faunos.
Véalas ampliadas, vale la pena.

lunes, enero 18, 2010



Un sibarita, un danzón.

Así lo definió “el Pelucas”, nuestro sub-comandante de turno, cuando nos hizo la reseña de su visita a La Virtud. Y tal fue el título que le puso el pintor español al terminarlo de plasmar en el lienzo: un sibarita.
La virtualidad nos confunde. A ciencia cierta no podríamos asegurar que de trata de una visita real de este majo goyesco o sólo ha sido un sueño de esos que se descabezan después de recetarse unos buenos curados en una tarde poética de verano. Si el personaje estuvo aquí, o si la imagen es producto de un rapto de la profusa imaginación de “el Pelucas,” nadie se atrevería a apostar ni un cacahuate.
Lo cierto es que ante lo rotundo de la imagen y del sabor de la historia que ésta cuenta sin necesidad de ripios y exageraciones propias de nuestro mitómano personal, (inevitablemente se les pasa la mano al embucharse, como no queriendo y de pasadita, algunos centilitros de neutle en cada servicio, como comisión) el personaje no nos resulta -para nada- ajeno.
Es más, su figura se aviene de maravilla al perfil de algunos parroquianos frecuentes de este almacén de placeres y tálamo de musas. Tiene la misma cachaza y la misma expresión displicente y mamuca que varios de ellos mostraron la primera vez que estuvieron por acá.
El sibarita, a decir de Pelucas, llegó silenciosamente, se aquerenció en un rincón, junto a las barricas, al lado del reservado del Obispo; encendió su tagarnina con un viejo mechero de pedernal y, mientras degustaba su ración de licor exquisito de Mayahuel que le fue servido, nunca dejó de mirar de ese modo hacia donde se encuentra la sinfonola, especialmente cuando de ella brotaban las notas suculentas del danzón intitulado “Yo no voy a Alemania” interpretado por la Danzonera Yucatán.
El castizo personaje parecía como extasiado con la música del caribe que llenaba de vida y alegraba el salón. De seguro pensaba que en sus tiempos, allá por 1806, aún no se había inventado esa bella y sabrosa armonía cubana; ni mucho menos que, en 1879, cuando a él lo pintó en Sevilla  José Jiménez Aranda, tampoco había nacido la abuelita del maraquero de la orquesta.
Aunque UD. no sea virtual como el personaje, ni le interesen los curados virtuales de guanábana que se sirven en La Virtud, ni piense volver a honrarnos con su visita, le recomendamos, eso sí, disfrutar por un momento y sin prejuicios el danzón de marras u otro de nuestro selecto repertorio: solo diríjase al aparato, abajo, al fondo, ponga la pieza,  déjela que corra un buen trecho
...y báilela, aunque sea unos cuantos compases nada más; es bueno para el espíritu y de efectos comprobados para dar santo alivio a las posaderas y al cogote, después de tanto estar allí, sentado frente al monitor.
Ah, y no se preocupe por lo que el sibarita pueda pensar de usted al obervar su manera de mover el bote: es virtual, no dice nada, no piensa en nada...ó sí?
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Imágen: jacksonauction.com