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jueves, junio 27, 2013


La retórica hipócrita de los vendepatrias.
Mejor cámbienle el nombre al PRI!

Llega El Orejano rayando su bicicleta balona frente a las puertas de La Virtud; se apea resoplando y limpia el sudor de su rostro enrojecido con su paliacate; la acomoda con cuidado en el moderno velocípedoparking que hemos instalado en la entrada.
(Usted sabe, la administración Peña Nieto no ha pagado un solo peso a los proveedores del gobierno desde que tomó posesión. Hoy, los grandes ejecutivos del sector privado (privado de recursos) andan ya en bicicleta por doquier.
Y nosotros -como es usual- nos adaptamos a los tiempos que corren, por lo que procedimos a instalar el antedicho velocípedoparking para comodidad de nuestra distinguida y leal clientela).
Decíamos pues que El Orejano llegó a nuestro salón y nos trajo este bonito cartón del monero Hernández.
Al circular de mesa en mesa y de mano en mano, la obra del genial cartonista chintololo provocaba que se levantaran ruidosas oleadas de expresiones de todo tipo.
Enmedio de aquel jolgorio predominaban -eso sí- las mentadas de madre y los efluvios silvestres, además de otros tipos de invectivas, bufidos y gritos vernáculos altisonantes.
La casa lamenta no hacer público todo aquello, no vaya a ser que nos manden a la Lady Profeco o a alguna otra beata del equipo exitoso del Toluca Team a intentar recibir soborno en dólares antes de amagarnos con la clausura.
Sin embargo, es de destacar lo que dijo el poeta Froilán con su habitual solemnidad y gruesa voz cuando el cartón llegó a sus manos:
  --Ora sí parió la mula, camaradas...
  --Verguenza deberían de tener esos ecopetados cherries, fatuos y vendepatrias.
  --A lo que deberían cambiar de nombre y con urgencia sería a su organización delincuencial organizada, la que en lugar de PARTIDO REVOLUCIONARIO INSTITUCIONAL debería llamarse...PARTIDO REACCIONARIO NEOLIBERAL.
  --Bófonos!!!
  --Sí señor!!! --asintieron en coro todos los presentes. Enseguida continuaron libando pulque.


sábado, junio 22, 2013

Cartones motivacionales...
Ya comenzaron.


Todo indica que ya se pusieron de acuerdo hasta en los mínimos detalles. Una vez atado y bien atado el pacto, o sea maiceados y bien maiceados los mercaderes del PAN y los chuchos traidores del PRD en la privatización de PEMEX y la entrega a intereses extranjeros de los recursos energéticos de la nación mexicana, la mancuerna de la insaciable oligarquía empresarial y el gobierno vende patrias del presidente Salinas de Gortari...no, no, perdón, de Peña Nieto, ha comenzado ya a poner en práctica el capítulo siguiente de su anhelado plan:
Se trata de una campaña de desinformación y aleccionamiento de la población que promete ser de proporciones monumentales; igual de onerosa y espectacular que la que el año pasado llevó al poder al mocho encopetado y a su pandilla de hampones de cuello blanco.
Su inimaginable costo lo pagará...sí señor, lo adivinó usted; lo pagará usted también, con sus impuestos.
Así que, por cielo, mar y tierra, los criminales organizados que administran el país intentarán -y lograrán, faltaba más- lavar, enjabonar y exprimir los pequeños cerebros de los mismos que votaron por el PRI en julio del 2012 para que vean con buenos ojos y se muestren felices con la privatización de Petróleos Mexicanos.
Tan fácil que les resultó entonces. Tan bien que cooperaron los medios haciendo su parte a favor del candidato de la oligarquía en la pasada campaña electoral  (que por cierto están siendo pagados con creces desde el principio del sexenio).
Las televisoras del duopolio siempre apoyan al gobierno, siempre que el gobierno les siga canalizando carretadas de oro para la propaganda mentirosa, molesta, grotesca a que ha sido acostumbrado al pueblo desde los tiempos del primer período presidencial del  pelón de Agualeguas.
La nueva embestida gubernamental de manipulación masiva estará dirigida principalmente al tontarriaje futbolero y telenovelero para que “acepte” que le roben su patrimonio energético y las ganancias derivadas de la transformación industrial de los hidrocarburos. Para que todo sea otra vez como antes de Cárdenas y las empresas extranjeras se lleven las enormes ganancias de la extracción y refinación de nuestro petróleo.
La misión del gobierno “revolucionario e institucional” de Peña Nieto es muy sencilla:  privatizar los beneficios y socializar las pérdidas, máxima expresión de la ideología de los neoliberales derechistas que se han apoderado de México por la apatía y la estupidez  de la mayoría descastada y cumbanchera de sus ciudadanos.
A las multinacionales saqueadoras ya les urge disfrutar del enorme pastel: presionan abiertamente y les hacen manita de puerco un día sí y otro también a los hombrecillos corruptos del gabinete en turno. Quieren que todo se arregle rápido y sin problemas, para eso son los sobornos multimillonarios depositados en bancos del extranjero. Así ha sido siempre.
Desenmascaradas y cínicas, el día de hoy,  petroleras y haliburtons enquistadas ya en el cuerpo de PEMEX, se mueven sin el menor pudor por todo el escenario nacional con su ejército de mercenarios gestores, alfiles y lobistas  (de lobo, no de lobby).
La propaganda canalla en favor de la privatización que se mira venir se ha diseñado científicamente por despachos especialistas. El objetivo es que el pueblo acepte la engañifa después de oír y ver mil veces en la televisión los rollos de los López Dórigas, Ciros, y Michas y demás congéneres. Se podrí afirmar que pretenden que después de escuchar y volver a escuchar millones de spots de radio, la mayoría de nuestra población, zombificada, se pronuncie en pro de privatizar y hasta se eche a la calle gritando alegremente:
  --¡Muera PEMEX, viva SHELL, viva CHEVRON!
No hay más que recordar la feroz y costosa campaña del “tesorito de aguas profundas" que nos recetó Felipe Calderón en el año 2008. Un numeroso sector de la población se tragó entero el anzuelo del espurio y su banda e hizo el papelón en tertulias y cafés, guiada por los mismos intelectuales y expertos a sueldo que tenemos en las pantallas a toda hora.
El día de mañana pues, un populacho feliz e ilusionado con su tarjeta Soriana en el bolsillo o como le llamen el nuevo truco, será incluso capaz de organizarse espontáneamente para tirar al suelo las estatuas de Cárdenas y quemar los retratos de Juárez en las oficinas públicas. La santa iglesia católica cooperará encantada en el proyecto.
Y los panistas?...pues nada, ellos apoyan a su correligionario de Los Pinos. Los circunspectos ciudadanos de la panadería blanquiazul no representan problema alguno, todo lo contrario; no habrá tos. Ellos no tienen ideología.
Mejor dicho, su única noción ideológica es la de vender lo que sea, cuanto antes mejor, y obtener las mayores ganancias como sea. Los panistas son como clones de Santana, quien durante la invasión gringa de 1847 vendía a trasmano y en exclusiva al enemigo la pastura para la caballada del ejército de Taylor.
El anhelo más acabado de los fans de Calderón y Diego Cebollas y Mochepina sería el vender un día no muy lejano el Palacio Nacional para poner allí un Mac Donalds.
Dice “El Orejano”, filósofo del barrio especializado en observar el comportamiento cívico de la clase media y la naco-burguesía mexicanas, que en lo más profundo de la psicología de un panista se encuentra una especie de rencor infantil patológico -nunca resuelto- por haber reprobado la materia Historia de México en quinto de primaria, cuando tuvo que ir su mamá a sobornar a la directora para que pudiera pasar año. 
Cartón de El Fisgón.

miércoles, abril 18, 2012

Engañfa ruín de vendepatrias...
Privatizar energéticos no es tendencia mundial; al contrario.
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México, S.A. Carlos Fernández-Vega. La Jornada, 18-ab-12.

Cinco inquilinos de Los Pinos al hilo no quitaron el dedo del reglón, y en la perspectiva político-electoral tres de los cuatro candidatos al hueso mayor se han pronunciado en el mismo sentido: lo “moderno”, lo “actual”, lo de “avanzada”, lo “chic”, es privatizar el sector petrolero nacional, despojar al país de esa renta (de la que, por cierto, vivió, y muy bien, esa quinteta). Los primeros avanzaron en su intento, aunque no todo lo que querían; los segundos ofrecen redondear la tarea, llegar hasta el fondo, abrir hasta el último resquicio para que por la puerta grande ingrese, orondo y voraz, el gran capital, como en tantas otras áreas de la economía mexicana.
Tras la decisión argentina de nacionalizar –paradójicamente– su petróleo y, con ello, salvaguardar el interés nacional, el furibundo Felipe Calderón reaccionó como si le hubieran quitado algo propio, y soltó un rosario: fue, dijo, una medida “irresponsable y muy poco racional”; ningún empresario “en sus cinco sentidos pensará en invertir en un país que expropia las inversiones”; es una decisión “que no va a hacer bien a nadie”; “no es un acto racional”; “el camino no es ni el proteccionismo ni las expropiaciones”; que Cristina Fernández de Kirchner “rectifique” esa “lamentable” medida. Lo “moderno”, pues, es entregar los recursos naturales a intereses extranacionales.
Los tres candidatos que se han comprometido a no gobernar con “más de lo mismo” dicen al respetable que, de llegar a la primera silla de la nación, ofrecerán exactamente eso, más de lo mismo: A) “realizaré una reforma energética que dé apertura al sector privado en las áreas de exploración y refinación en la industria petrolera” (Enrique Peña Nieto); B) “reglas más amigables” para que el capital privado invierta en petróleo; no creo en el camino de las expropiaciones” (Chepina); y C) “convertir a Pemex en una empresa de sociedad anónima, pues así colocaría acciones en la BMV; estoy contra dogmas, catecismos y fetiches del pasado que comprometen seriamente el desarrollo de México” (Quadri).
Entonces, según todos ellos, la “tendencia mundial” es ceder el petróleo al voraz capital financiero-especulativo. ¿Será? Pues bien, encontramos luz en el propio proyecto de ley que la presidenta Fernández de Kirchner envió al Congreso de su país para nacionalizar YPF, y lo que en este sentido destaca es que, en realidad, la norma internacional es el control del Estado sobre los hidrocarburos, comenzando por la empresa Petrobras, tan presumida y cacareada por la derecha privatizadora como “ejemplo” de “modernidad”.
Lo “actual”, pues, no es lo que proponen los “modernos” políticos mexicanos, sino todo lo contrario:
Arabia Saudita, el mayor productor petrolero mundial, cuenta con la empresa Saudi Aramco, cuya propiedad, al 100 por ciento, corresponde al Estado.
El consorcio ruso Gazprom, el mayor productor de gas natural en el planeta, pertenece al Estado ruso (51 por ciento), quien decide cómo, cuándo y a quién, y no la inversión privada minoritaria. Del mismo origen, la empresa Rosneft (75 por ciento) es la segunda productora internacional.
Entre otras, propiedad del Estado (100 por ciento) son las petroleras CNPC (China), NIOC (Irán), PDVSA (Venezuela), Pemex (México), Adnoc (Emiratos Arabes Unidos), KPC (Kuwait), Sonatrach (Argelia), Kazmunaigas (Kazajistán), QP (Qatar), Pertamina (Indonesia), Socar (Azerbaiyán), Petronas (Malasia), EGPC (Egipto), Petroecuador (Ecuador), SPC (Siria), YPFB (Bolivia), ANCAP (Uruguay), NNPC (Nigeria), y ENAP (Chile, el sempiterno ejemplo para presumir los “éxitos” privatizadores neoliberales).
Otras petroleras, que permiten participación privada, también tienen propiedad y control mayoritario del Estado: Sinopec y CNOOC (China), con 75 y 67 por ciento, respectivamente; Petrobras (Brasil), 51 por ciento; Statoil Hydro (Noruega), 63 por ciento; PNGC (India), 74 por ciento; PDO (Omán), 60 por ciento; y Ecopetrol (Colombia), 90 por ciento. Entre las pocas que aparecen con participación estatal minoritaria están OMV de Austria (32 por ciento del Estado); Inpex de Japón (29 por ciento) y Eni de Italia (30 por ciento).
Como se constata, en materia petrolera lo “chic” no es, ni lejanamente, ceder el control y el usufructo de la riqueza petrolera a trasnacionales del ramo, por mucho que éstas intenten meter la mano en todas partes. México conoce muy bien de qué se trata la intervención de los vampiros petroleros, y el enorme costo (político, económico y social) de mantenerlos en casa. Argentina también lo vivió y lo entendió, y por ello su gobierno actuó en consecuencia.
Como lo apunta el citado proyecto de ley, “la experiencia internacional no hace más que confirmar que la posibilidad de garantizar el autoabastecimiento en materia de combustibles contribuye de manera crucial a determinar el tipo de modelo económico y de crecimiento que puede desenvolverse en cada país. Así, durante la vigencia del denominado Consenso de Washington, la política en materia de hidrocarburos que el neoliberalismo implementó en Argentina buscó maximizar la extracción de este recurso natural con vistas a colocarlo en el mercado mundial, conduciendo al desabastecimiento interno, el cual es impulsado por el incentivo que constituye para el sector privado la completa apropiación del excedente económico generado por un recurso natural no renovable”.
Así, la precisa intervención del Estado en la definición de la política de producción y precios de los combustibles “es crucial en un mundo que ha estado crecientemente afectado por la participación de capitales financieros especulativos en los mercados de materias primas en general, y del petróleo en particular, impactando así en los costos de producción a escala mundial… Hay tres elementos a tener en cuenta y que aconsejan la injerencia directa del Estado en la política de precios y cantidades: su impacto sobre la competitividad de la economía, el efecto de su precio sobre el poder adquisitivo de los salarios y la apropiación de los excedentes derivados de la explotación de los hidrocarburos”.
Las rebanadas del pastel
Entonces, lo “moderno” es que los grandes recursos petroleros y su producción estén en manos estatales, y no como coto de caza del capital trasnacional, como Repsol comprenderá.
Que Calderón y comparsas repitan como pericos que lo mejor para México es privatizar sus hidrocarburos no es más que el canto de una suerte de Menem michoacano al que no le fue suficiente destrozar el tejido social del país, sino que intentó lo mismo con el último jirón de soberanía económica.
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Cartón del monero Hernández.
Coloreado de la casa.